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Nearshoring. La inversión no llega a México, llega a municipios con infraestructura

  • Foto del escritor: Editorial
    Editorial
  • 8 jun
  • 5 min de lectura
Nearshoring La inversión no llega a México llega a municipios con infraestructura Revista interAlcaldes

México puede presumir ubicación, tratados y récords de inversión. Pero la relocalización no se decide en el mapa nacional: se decide en el municipio que puede ofrecer suelo ordenado, energía, agua, permisos y logística sin improvisación.


La conversación sobre el nearshoring en México se ha contado demasiadas veces como una historia nacional. Se habla de posición geográfica, T-MEC, costos competitivos y récords de Inversión Extranjera Directa. Todo eso importa. Pero en la vida real de una empresa, la decisión no aterriza en un país abstracto. Aterriza en un predio, una licencia, una subestación, una vialidad y una autoridad municipal capaz —o incapaz— de resolver.


La tesis es incómoda: México puede ganar la conversación global del nearshoring, aunque solo los municipios preparados ganarán la inversión. Los demás verán pasar anuncios, visitas empresariales y promesas de empleo sin convertirlas en plantas, proveedores o salarios formales.


“El nearshoring no aterriza donde hay discursos; aterriza donde el municipio ya hizo la tarea incómoda.”

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El récord no basta

La Secretaría de Economía reportó que México cerró 2025 con 40,871 millones de dólares de IED, la cifra anual más alta del país y 10.8% superior a 2024. En el primer trimestre de 2026, el IMCO registró 23,591 millones de dólares, un aumento preliminar de 10.4% frente al mismo periodo de 2025 con cifras originales.


El dato abre una oportunidad, pero no autoriza triunfalismo. El propio IMCO advierte que la IED es una señal positiva, aunque insuficiente por sí sola: las nuevas inversiones decrecieron 26.6% frente a las cifras actualizadas del primer trimestre de 2025, mientras la reinversión de utilidades creció 14.35%. Es decir, México conserva capital de empresas ya instaladas, pero todavía debe demostrar que puede atraer nuevas plantas, nuevas líneas productivas y nueva capacidad tecnológica.


Ahí empieza el filtro territorial. Una empresa no decide solo por cercanía con Estados Unidos. Decide por certidumbre. Evalúa permisos, energía, agua, movilidad, seguridad patrimonial y capacidad administrativa. Desarrollo económico no es cortar listones, sino reducir fricción.


“La inversión no premia al municipio más entusiasta; premia al municipio más predecible.”

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El municipio como filtro real

Plan México coloca la relocalización, los polos de desarrollo, la proveeduría nacional y la reducción de trámites en el centro de la estrategia hacia 2030. Sus metas incluyen mantener la inversión por arriba de 25% del PIB desde 2026, generar 1.5 millones de empleos adicionales en manufactura especializada y reducir de 2.6 años a un año el tiempo total para concretar una inversión.


La pregunta es quién hará posible esa promesa. Una ventanilla digital nacional puede ordenar expedientes, pero no pavimenta accesos, no actualiza catastros, no resuelve usos de suelo contradictorios, no alinea protección civil con desarrollo económico ni convierte una carretera saturada en corredor logístico. Esa parte ocurre en municipios.


El mapa industrial confirma la escala del reto. Colliers y AMPIP reportaron en 2026 una radiografía de 477 parques industriales, 85 millones de metros cuadrados y 103 nuevos parques en desarrollo. Esa expansión no solo demanda capital inmobiliario; exige gobiernos locales capaces de ordenar crecimiento urbano, vivienda, transporte, energía y servicios antes de que la presión industrial los desborde.


La energía es la prueba más clara. La SENER anunció instrumentos para detonar casi 740 mil millones de pesos en inversión eléctrica rumbo a 2030 e incorporar 32 gigawatts adicionales. Pero eso no sustituye la planeación municipal. Si una ciudad industrial crece sin suelo, transmisión, agua y movilidad laboral, la inversión energética llegará tarde o llegará mal.


La oportunidad está en la infraestructura invisible

El municipio productivo no es solamente el que tiene un parque industrial. Es el que articula suelo, permisos, energía, agua, movilidad, seguridad, talento y proveeduría local. También entiende que la infraestructura más valiosa no siempre se ve: está en el catastro actualizado, los tiempos de respuesta, la coordinación metropolitana, la certeza regulatoria y la capacidad de decir no cuando una inversión amenaza con romper el territorio.


Ahí está la consecuencia municipal. Si un gobierno local no ordena su territorio, el nearshoring puede elevar rentas, saturar vialidades, presionar servicios públicos, desplazar vivienda popular y profundizar desigualdades. Si lo ordena, puede convertir una planta en empleos formales, proveedores locales, capacitación técnica, recaudación propia y mejores servicios. La diferencia no está solo en recibir inversión; está en gobernarla.


“Un municipio sin infraestructura puede atraer una visita; un municipio con capacidad institucional puede cerrar una inversión.” 

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Esa frase debería estar en la mesa de cada alcalde que hoy busca subirse a la conversación del nearshoring. Porque el verdadero riesgo no es que México pierda atractivo. El riesgo es que algunos territorios se queden fuera por lentitud administrativa, desorden urbano o falta de coordinación política.


Lo que falta resolver

México necesita una agenda municipal del nearshoring con indicadores comparables: días reales para abrir una planta, energía disponible, estrés hídrico, conectividad carretera y ferroviaria, suelo regularizado, tiempos de licencia, seguridad logística, vivienda cercana y talento técnico. Sin esos datos, la política pública seguirá confundiendo promoción con competitividad.


Revista interAlcaldes infografía Nearshoring La inversión no llega a México llega a municipios con infraestructura
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También falta una decisión política más dura, dejar de vender al municipio como “ubicación estratégica” cuando no tiene condiciones mínimas para sostener inversión. La ubicación abre la conversación; la infraestructura la cierra. Y en un entorno donde Estados Unidos, Canadá, Europa y Asia reajustan cadenas de suministro, el capital no esperará a que un cabildo aprenda a planear.


La relocalización puede darle a México una década de ventaja. Pero esa ventaja no se decidirá en una conferencia de prensa ni en una fotografía con empresarios. Se decidirá en municipios que tengan agua antes de prometer industria, energía antes de vender suelo, permisos antes de anunciar parques y movilidad antes de celebrar empleos. Para los alcaldes, el mensaje es directo: el nearshoring no premiará intenciones; castigará improvisaciones. ¿Qué municipios están listos para recibir inversión sin romper su territorio?


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Escrito por: Editorial



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