Chiquilistlán. Cuando las remesas sostienen hogares, la economía local busca diversificarse


En Chiquilistlán, las remesas forman parte de la vida económica de muchas familias. El reto para quienes gobiernan es ampliar las oportunidades de producir y trabajar en el municipio, sin pedir a los migrantes que financien con dinero privado lo que requiere capacidad pública.
El alcance de las remesas tiene una medida precisa
En este municipio de la Sierra de Amula, Jalisco, vivían 5,983 personas en 2020. Ese mismo año, 17.84 % de sus viviendas recibía remesas y Chiquilistlán presentaba un grado alto de intensidad migratoria, según el índice de CONAPO. La cifra permite afirmar que el vínculo con Estados Unidos alcanza a una parte relevante de los hogares; no permite calcular cuánto representa ese dinero en toda la economía municipal. Cada envío pertenece a una familia que decide si lo destina a comida, salud, vivienda, educación, deudas o un negocio.
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La precisión importa aún más cuando se observa la necesidad local. De acuerdo con la medición municipal de 2020 recogida en el diagnóstico del IIEG, 68.4 % de la población estaba en situación de pobreza. Para muchos hogares, una remesa puede dar estabilidad inmediata. Tratar ese ingreso como si estuviera disponible para invertir desconoce sus prioridades. La responsabilidad de abrir oportunidades productivas corresponde también al gobierno municipal, a otras autoridades y a quienes participan en la economía de la región.
“Las remesas alivian necesidades presentes; el desarrollo local se mide por las opciones que existen para el futuro.”

La primera apuesta está en lo que Chiquilistlán ya produce
La economía registrada muestra por dónde empezar. En mayo de 2025, Chiquilistlán tenía 195 establecimientos en el Directorio Estadístico Nacional de Unidades Económicas; casi la mitad se dedicaba al comercio y 12 estaban clasificados como manufactureros. En junio de ese año, el IMSS reportó 226 trabajadores asegurados en el municipio. Son personas registradas ante esa institución, no la totalidad de quienes trabajan. Las cifras del IIEG describen una base de negocios pequeña, con espacio para fortalecer actividades que generen valor además de vender productos.
La prioridad razonable es examinar qué productos del campo y de la ganadería pueden procesarse, venderse mejor o encontrar compradores cercanos. El diagnóstico registra actividad agrícola, ganadera e industria alimentaria; eso ofrece un punto de partida, no una garantía de rentabilidad. Antes de anunciar proyectos, productores y comerciantes tendrían que identificar volúmenes disponibles, costos, requisitos sanitarios y demanda. El municipio puede reunir a esos actores, facilitar los trámites que le corresponden y gestionar con el estado el apoyo técnico o la infraestructura que no puede aportar por sí solo.
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Esa ruta exige atender un problema concreto: vender materia prima y comprar después productos transformados deja menos posibilidades de generar trabajo local. En los Censos Económicos referidos a 2023, el subsector de abarrotes, alimentos y bebidas aportó 31 millones de pesos de valor agregado censal bruto en Chiquilistlán, frente a 5.28 millones de la industria alimentaria, según el IIEG. Son cifras de dos subsectores, no una comparación de toda la producción con todo el comercio. Sí justifican investigar dónde podría procesarse más producto en el municipio y qué impediría sostener esa actividad.

Funcionar es convertir una propuesta en resultados comprobables
Un ayuntamiento no controla los salarios de los migrantes ni puede prometer que los envíos crecerán. La escala nacional recuerda esa incertidumbre: entre enero y agosto de 2026, las remesas recibidas por México aumentaron 2.2 % frente al mismo periodo de 2025, pero solo en agosto cayeron 3.6 % en comparación anual, de acuerdo con Banco de México. Ninguna de esas variaciones demuestra lo que ocurrió en Chiquilistlán. La lección para el gobierno local es más sencilla: las familias necesitan alternativas que no dependan exclusivamente de condiciones decididas fuera del país.
“El mejor uso público del vínculo migrante es hacer posible que más personas encuentren oportunidades sin tener que irse.”
Para Chiquilistlán, funcionar significaría escoger una cadena productiva viable, acordar responsabilidades con sus participantes y publicar avances que cualquiera pueda comprobar: productores incorporados, negocios que operan, compradores conseguidos y empleos registrados. También significaría reconocer a tiempo si una apuesta no funciona y corregirla. La remesa seguirá siendo una decisión familiar; la diversificación debe convertirse en una tarea colectiva. Si productores, comerciantes, migrantes y autoridades tuvieran que elegir una primera actividad para fortalecer la economía local, ¿cuál debería ser y qué obstáculo tendrían que resolver juntos para hacerla viable?
Escrito por: Editorial
Fuentes
CONAPO, Índice de Intensidad Migratoria México-Estados Unidos 2020. Viviendas receptoras de remesas y grado de intensidad migratoria de Chiquilistlán.
IIEG Jalisco, Diagnóstico del municipio de Chiquilistlán, noviembre de 2025. Población, pobreza, establecimientos, empleo registrado y estructura económica; cada dato se presenta con su año de referencia.
Banco de México, Información de ingresos y egresos por remesas, agosto de 2026. Variaciones nacionales, sin atribuirlas al municipio.





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