Los municipios que no inviertan en agua perderán competitividad
- Salvador Ordóñez Toledo

- hace 1 hora
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México quiere atraer más fábricas, parques industriales, vivienda, hoteles, centros logísticos y nuevas inversiones. Pero muchas de las ciudades que compiten por ese crecimiento todavía no pueden garantizar uno de los recursos indispensables para sostenerlo: agua. La competitividad municipal está entrando en una etapa en la que tener suelo, carreteras y energía ya no será suficiente.
Durante décadas, las ciudades compitieron mediante una fórmula relativamente conocida: infraestructura, conectividad, seguridad, talento, suelo disponible e incentivos para la inversión. El agua permaneció en otra conversación, asociada principalmente con servicios públicos, medio ambiente o atención de emergencias. Esa separación resulta cada vez menos sostenible. Una empresa que decide instalar una planta, un hotel, un hospital, un centro de distribución o un desarrollo inmobiliario necesita saber no sólo cuánto cuesta operar en una ciudad, sino si existen las condiciones para seguir haciéndolo dentro de diez, veinte o treinta años.
La pregunta que muchos municipios utilizan para medir su desarrollo es cuánto capital pueden atraer. La siguiente será más difícil: ¿cuánta inversión pueden sostener con el agua disponible?
El riesgo hídrico ya es riesgo económico
El World Resources Institute estima que hacia 2050 alrededor de 31% del PIB mundial estará expuesto a altos niveles de estrés hídrico y coloca a México entre los países donde esa exposición económica será particularmente relevante. El dato modifica la manera de entender el problema. Una crisis de agua no afecta únicamente a los hogares; puede limitar producción, encarecer operaciones, frenar desarrollos y alterar decisiones de localización empresarial.
Para una compañía que compara territorios, la disponibilidad hídrica comienza a incorporarse al mismo mapa de riesgos donde aparecen electricidad, logística, costos laborales, seguridad y estabilidad regulatoria. Un municipio puede contar con suelo industrial y buenas carreteras, pero si sus acuíferos están presionados, sus redes pierden agua, sus plantas de tratamiento son insuficientes o su organismo operador no puede acompañar nuevas inversiones, parte de esa ventaja competitiva desaparece.
"En la próxima década, el agua no será solamente una condición para vivir en una ciudad: será una condición para invertir en ella."
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México ha comenzado a reconocer la magnitud del desafío. Los proyectos de infraestructura asociados al Plan Nacional Hídrico contemplan inversiones estimadas en 122 mil 600 millones de pesos entre 2025 y 2030. Sin embargo, ninguna gran obra federal puede sustituir completamente lo que ocurre en el territorio. La competitividad hídrica también se decide debajo de las calles, en tuberías, válvulas, medidores, pozos, plantas de tratamiento, sistemas de monitoreo, mantenimiento, captación y reúso.
Crecer sin agua también es una mala política económica
Aquí aparece una decisión que los gobiernos locales tendrán que enfrentar con mayor claridad: no todo crecimiento es automáticamente conveniente. Autorizar nuevos parques industriales, vivienda o desarrollos comerciales sin calcular la infraestructura necesaria para abastecerlos puede generar actividad económica en el corto plazo mientras crea un problema estructural para el futuro.
Un municipio que permite crecer a su territorio sin asegurar capacidad hídrica no está eliminando el costo de esa expansión; simplemente lo está trasladando a otra administración, a los usuarios o a las empresas que llegarán después.
La Ley General de Aguas publicada en diciembre de 2025 refuerza esa responsabilidad al establecer obligaciones municipales relacionadas con agua potable, drenaje, alcantarillado, tratamiento y disposición de aguas residuales, además de abrir posibilidades de coordinación intermunicipal. Pero cumplir con una obligación legal será apenas el punto de partida. La diferencia competitiva estará en la calidad de la gestión: medir mejor, reducir pérdidas, profesionalizar organismos operadores, ampliar tratamiento, promover reúso y vincular las autorizaciones urbanas con la disponibilidad real del recurso.
"Los municipios pueden competir por inversiones; lo que no pueden hacer es negociar con la disponibilidad de agua."
La política hídrica, por lo tanto, tendrá que salir de la lógica exclusiva de los servicios públicos e incorporarse plenamente a la estrategia de desarrollo económico.

La lección de Phoenix
Phoenix resulta una referencia útil porque demuestra que enfrentar restricciones naturales no implica renunciar al crecimiento, pero sí obliga a planearlo. La ciudad de Arizona cuenta con una estrategia de diversificación, conservación y gestión del suministro, y mantiene una designación estatal que acredita disponibilidad asegurada de agua a 100 años para sus usuarios y crecimiento proyectado.
La enseñanza para los municipios mexicanos no consiste en copiar un modelo diseñado bajo otras condiciones institucionales y geográficas. Consiste en comprender su principio: una ciudad competitiva no sólo debe conocer el agua que tiene hoy; debe ser capaz de explicar cómo sostendrá su crecimiento mañana.
Ese cambio de perspectiva tendrá consecuencias importantes. Los planes urbanos deberán considerar disponibilidad hídrica antes de extender la mancha urbana. Los parques industriales tendrán que integrar tratamiento y reúso. Las aguas residuales tratadas adquirirán mayor valor productivo. Los organismos operadores necesitarán datos en tiempo real y finanzas más sanas. Incluso la coordinación entre municipios será cada vez más importante porque los sistemas de agua rara vez respetan límites administrativos.
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Lo que viene
Durante los próximos años, la seguridad hídrica puede convertirse en un nuevo indicador de competitividad territorial. Una ciudad podría comenzar a ser evaluada no sólo por los metros cuadrados de suelo industrial disponibles o la distancia a una carretera, sino también por la eficiencia de sus redes, su capacidad de tratamiento, el porcentaje de agua que reutiliza, la diversificación de sus fuentes y la certidumbre de suministro que puede ofrecer a nuevos proyectos.
Esto cambiará también la conversación con los inversionistas. Los municipios que puedan demostrar planeación de largo plazo tendrán un argumento adicional para competir. Los que continúen posponiendo mantenimiento, medición y modernización podrían descubrir que el costo de la inacción no será únicamente una crisis de servicios públicos, sino inversiones que deciden instalarse en otro territorio.

Lectura estratégica
Durante años, muchos gobiernos locales han considerado el agua como un asunto operativo que debe resolverse cuando aparecen fugas, escasez o protestas. Esa visión comienza a quedarse atrás. La infraestructura hídrica es infraestructura económica porque determina cuánto puede crecer una ciudad y durante cuánto tiempo puede sostener ese crecimiento.
El municipio competitivo de la próxima década no será necesariamente el que prometa más incentivos o autorice más desarrollos. Será el que pueda crecer sin comprometer los recursos que hacen posible ese crecimiento.
Invertir hoy en redes, tratamiento, reúso, medición y planeación quizá no genere siempre la fotografía política más espectacular. Pero puede convertirse en una de las decisiones económicas más importantes de una administración municipal.
Pregunta editorial de la semana
Si el agua será uno de los factores que determinarán dónde podrán crecer las empresas y las ciudades durante las próximas décadas, ¿está tu municipio invirtiendo hoy en la infraestructura hídrica que necesitará para seguir siendo competitivo mañana?
Escrito por: Editorial





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