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La influencia política mexicoamericana ya no es una promesa, es una realidad

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Editorial
hace 8 horas
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La influencia política mexicoamericana ya no es una promesa, es una realidad Revista interAlcaldes

México sigue hablando de su comunidad en Estados Unidos como si su principal fuerza fuera el dinero que envía a casa. Esa mirada se ha quedado corta. Las personas de origen mexicano también votan, ocupan cargos y participan en decisiones estadounidenses que afectan a los dos países.


Una presencia que ya llega a las decisiones

En 2024 vivían en Estados Unidos alrededor de 40 millones de personas de origen mexicano, según Pew Research Center. La cifra reúne a inmigrantes y a generaciones nacidas en ese país; no equivale a 40 millones de electores. Una medida más precisa es esta: con datos de 2022, Pew estimó que unos 3.7 millones de inmigrantes nacidos en México tenían ciudadanía estadounidense y edad para votar. Eran el grupo más numeroso entre los votantes naturalizados, considerado por país de nacimiento. A ellos se suman ciudadanos de ascendencia mexicana nacidos en Estados Unidos.


El tamaño de un electorado importa, pero la influencia política exige algo más: presencia en las instituciones y capacidad de intervenir en decisiones. Alex Padilla, hijo de inmigrantes mexicanos y primer latino en representar a California en el Senado federal, ofrece un ejemplo concreto. En diciembre de 2024, él y la delegación legislativa de San Diego impulsaron recursos para atender la contaminación del río Tijuana. Una ley federal firmada ese mes asignó 250 millones de dólares a la reparación y ampliación de la planta de tratamiento South Bay, cerca de la frontera.


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Esa partida fue resultado del trabajo de varios legisladores, autoridades y comunidades; atribuirla únicamente a Padilla sería incorrecto. También lo sería afirmar que su origen familiar determinó su postura. Lo verificable es más sólido: un senador de raíces mexicanas participó en una decisión presupuestaria efectiva sobre un problema que cruza la frontera y afecta la salud, las playas y la economía de la región. Para Tijuana y San Diego, la política binacional tiene consecuencias que se pueden localizar en una planta, un río y los barrios que viven junto a ellos.


“La influencia se vuelve visible cuando una demanda territorial llega al presupuesto.”

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El origen compartido no produce un voto único

La representación mexicoamericana tampoco pertenece a un solo partido. Padilla es demócrata; Juan Ciscomani, nacido en Hermosillo, Sonora, representa como republicano a un distrito de Arizona en la Cámara de Representantes. Sus trayectorias muestran acceso a instituciones y posiciones políticas diferentes. Buscar una supuesta «voz mexicoamericana» única impediría entender cómo se forman las alianzas reales alrededor de cada asunto.


Las prioridades de los votantes ayudan a explicar esa diversidad, siempre que se usen las cifras con cuidado. En una encuesta de Pew previa a la elección presidencial estadounidense de 2024, 85 % de los votantes latinos registrados consideró la economía muy importante para decidir su voto, frente a 59 % que dijo lo mismo de la inmigración. Esos datos corresponden al conjunto latino, no exclusivamente a las personas de origen mexicano. Aun así, cuestionan la idea de que una campaña puede dirigirse a estas comunidades hablando solo de la frontera: el precio de la vivienda, el empleo y la salud también ordenan sus decisiones cotidianas.


“Compartir raíces con México no obliga a compartir partido, prioridades ni respuesta política.”

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Hay, además, dos espacios de participación que México debe distinguir. Los ciudadanos estadounidenses de origen mexicano intervienen en la política de Estados Unidos conforme a las reglas de ese país. Por separado, los mexicanos con derecho a votar desde el exterior participaron en la elección presidencial mexicana de 2024: el INE registró 184 326 sufragios emitidos desde distintos países, frente a 98 470 en 2018. Esa última cifra no mide el voto mexicoamericano en Estados Unidos ni corresponde solo a residentes de ese país. Muestra otra dimensión del vínculo: la participación política con México de quienes viven fuera de su territorio.


Revista interAlcaldes infografía La influencia política mexicoamericana ya no es una promesa, es una realidad
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La tarea pendiente para México

Para gobernadores, legisladores y alcaldes mexicanos, reconocer este poder requiere pasar del homenaje a la relación de trabajo. En una región fronteriza puede significar coordinar información y prioridades sobre agua, salud o movilidad con las autoridades que sí tienen competencia para actuar. En municipios con fuertes vínculos migratorios, puede significar escuchar a organizaciones comunitarias, universidades y empresas para identificar necesidades compartidas y proyectos viables. El origen familiar de sus interlocutores abre una conversación; no les impone representar intereses del gobierno mexicano.


La influencia política mexicoamericana ya se observa en el electorado, en los cargos públicos y en decisiones sobre problemas comunes. Su pluralidad es parte de esa fuerza. México ganará más si aprende a construir acuerdos con actores distintos, alrededor de asuntos precisos y con respeto a la autonomía política de cada comunidad. ¿Qué problema compartido deberían poner primero sobre la mesa los gobiernos mexicanos y sus interlocutores mexicoamericanos, y qué decisión concreta permitiría empezar a resolverlo?


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Escrito por: Editorial



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