La generación binacional que ya no vive la migración solo como ruptura, sino como identidad
- Editorial

- hace 3 días
- 5 min de lectura

La relación México-Estados Unidos ya no se explica solo por el dinero que cruza la frontera, sino por una generación que convierte su vida entre dos países en talento, capital social y capacidad territorial.
Durante décadas, México narró la migración con el lenguaje de la salida: la persona que se va, la familia que espera, la remesa que sostiene el consumo y la comunidad que aprende a vivir con una silla vacía. Esa historia sigue existiendo; deportaciones, separaciones familiares, precariedad y vulnerabilidad documental prueban que la ruptura no ha desaparecido. Pero ya no explica todo el presente. Una generación creció entre idiomas, viajes, documentos, videollamadas, escuelas de dos países y redes familiares que no obedecen a una sola geografía. Para ella, la frontera no se borró: dejó de ser el único centro de la experiencia.
Una definición que cambia la conversación
En este artículo, generación binacional se refiere a jóvenes y familias cuya vida, educación, afectos o actividad económica se organizan entre México y Estados Unidos, sin que el lugar de nacimiento agote esa experiencia. Incluye personas nacidas en México con trayectorias familiares en Estados Unidos, descendientes de migrantes nacidos allá y personas nacidas en Estados Unidos que residen en México. No es una etiqueta sentimental; es una condición social con efectos económicos, educativos, culturales y territoriales.
Puedes escuchar este artículo aquí:
La frontera ya no explica todo
Cuando la migración se interpreta solo como expulsión, las comunidades de origen ven principalmente recursos que llegan desde fuera. Cuando se reconoce una identidad binacional, aparecen otros activos: personas capaces de traducir códigos culturales, detectar mercados, activar redes profesionales, circular conocimiento y conectar territorios que antes se relacionaban sobre todo mediante dinero. La diáspora deja de ser únicamente una consecuencia de la desigualdad; también puede ser infraestructura humana entre dos economías.
La escala obliga a tomar en serio ese cambio. En 2024, alrededor de 40 millones de personas de origen mexicano vivían en Estados Unidos y representaban 57% de la población hispana del país, según Pew Research Center. Aun así, es demasiado amplia para tratarla como público externo, minoría aislada o reserva de remitentes. Tiene peso en el mercado laboral, el consumo, la educación, la cultura y la conversación pública de ambos países.
La lectura económica convencional tampoco desaparece. México recibió 61,791 millones de dólares en remesas durante 2025, de acuerdo con Banco de México. El monto confirma la densidad de los lazos familiares, pero también el límite de medir la relación binacional solo en transferencias. El dinero sostiene hogares; no sustituye la tarea de convertir experiencia bicultural, conocimiento de dos sistemas y redes de confianza en formación, emprendimiento, comercio y participación pública.
“La remesa sostiene hogares; la red binacional puede transformar territorios.”
Una realidad que ya vive dentro de los municipios
El fenómeno también está dentro de México. El Censo de Población y Vivienda 2020 registró 797,266 personas nacidas en Estados Unidos residentes en el país. La cifra no identifica la ascendencia de cada persona ni permite asumir que todas pertenecen a familias mexicanas retornadas. Sí demuestra que la vida binacional ya está presente en aulas, colonias, empleos y trámites cotidianos. Para muchos municipios, no es una conversación sobre compatriotas lejanos: es una realidad local que exige respuestas en educación, salud, documentos, integración y movilidad.
Por eso, ser mexicano para una parte de esta generación no depende exclusivamente de nacer en México ni de hablar un español impecable. Depende de afectos, referencias, responsabilidades y decisiones que cruzan ambos países. La identidad no elimina asimetrías, discriminación o fragilidad migratoria; cambia el punto de partida. No todo vínculo con México se organiza desde la pérdida.

Jalisco-Chicago, una conexión que debe convertirse en plataforma
La relación entre Jalisco y Chicago muestra cómo una red migratoria puede convertirse en estrategia territorial. En su política de internacionalización, el Gobierno de Jalisco estimó en 2022 que alrededor de 400 mil jaliscienses vivían en el Medio Oeste estadounidense y planteó para su oficina en Chicago agendas de inversión, comercio exterior, educación, formación e innovación.
El desafío es no reducir esa presencia a atención consular o eventos de comunidad. Una conexión de ese tamaño puede enlazar universidades, mentorías profesionales, pequeñas empresas exportadoras, proveedores locales y turismo de raíces. La oportunidad no consiste en asumir que toda familia migrante se convertirá en inversionista; consiste en diseñar canales claros para que quien quiera colaborar encuentre información, interlocutores y proyectos confiables. Ahí empieza a dejar de ser nostalgia y a convertirse en capacidad territorial.
“Una generación binacional no pide ser atendida como ausencia; exige ser reconocida como capacidad territorial."
Puedes ver este artículo aquí:
De la nostalgia a la capacidad territorial
La transformación también se ve del lado estadounidense. Migration Policy Institute estima que, entre 2020 y 2040, la segunda generación adulta en edad de trabajar crecerá 64%, de 20.4 millones a 33.4 millones de personas. La proyección no se limita a población de origen mexicano, pero dimensiona una tendencia estructural: los hijos nacidos en Estados Unidos de familias inmigrantes tendrán un papel creciente en aulas, universidades y mercado laboral. El dato señala una presión demográfica y productiva inequívoca.

El reto municipal es institucionalizar esa relación. No basta una feria anual ni un discurso dirigido a clubes de migrantes. Se requieren ventanillas que resuelvan procesos escolares y documentales; programas que conecten a profesionistas de la diáspora con proyectos locales; información verificable para invertir, emprender o colaborar desde fuera; y políticas culturales que reconozcan pertenencias complejas sin reducirlas a folclor. La capacidad de recibir, reconocer y vincular a la población binacional será un indicador de preparación para competir en una economía de redes.
México Global no se construye solo en consulados, tratados o grandes corporativos. También se construye en hogares donde una abuela vive en Michoacán, una hija estudia en Phoenix y un primo abre un negocio en Chicago; en escuelas que reciben estudiantes con trayectorias alteradas por la movilidad; y en municipios que entienden que su población no termina en el límite administrativo. La generación binacional no pide un relato sentimental. Obliga a México y a Estados Unidos a diseñar instituciones a la altura de una realidad compartida. Los territorios que vean a su diáspora solo como remitente de dinero renunciarán a una reserva decisiva de conexión, creatividad y futuro.
Escrito por: Editorial
#MéxicoGlobal #GeneraciónBinacional #DiásporaMexicana #IdentidadTransnacional #DesarrolloTerritorial
Fuentes consultadas
Fuentes verificadas y enlazadas para consulta editorial.
Key facts about U.S. Latinos for Hispanic Heritage Month — Pew Research Center. 22 de octubre de 2025. Datos de población, lugar de nacimiento y origen mexicano en Estados Unidos.
Información de Ingresos y Egresos por Remesas, diciembre de 2025 — Banco de México. 3 de febrero de 2026. Resultado anual de remesas de 2025.
Presentación de resultados del Censo de Población y Vivienda 2020 — INEGI. 25 de enero de 2021. Población nacida en Estados Unidos residente en México.
The Overlooked Impact of Immigration on the Size of the Future U.S. Workforce — Migration Policy Institute. 4 de noviembre de 2024. Proyecciones para la segunda generación adulta en edad de trabajar.
Política de internacionalización de Jalisco — Gobierno de Jalisco. 2022. Contexto y objetivos de la oficina del Estado de Jalisco en Chicago.




Comentarios