La falsa revolución de la IA. México se juega su soberanía productiva
- Víctor Jesús Hernández Salinas

- 26 mar
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Actualizado: 27 mar

Con crédito total al autor Víctor Jesús Hernández Salinas, el texto base plantea una idea incómoda pero necesaria: en México y América Latina la inteligencia artificial ha sido celebrada primero como espectáculo y apenas después como herramienta de transformación real. Esa lectura es valiosa para interAlcaldes porque conecta con un problema central de los gobiernos locales y de la economía municipal: no basta con comprar tecnología si las instituciones, las empresas y las ciudades siguen operando con datos desordenados, baja capacitación y una débil cultura de ejecución.
La discusión ya no está en si la IA genera textos, imágenes o asistentes llamativos. El punto crítico es si México puede convertir esa ola en productividad, inversión y ventaja geoeconómica dentro de su relación con Estados Unidos y con sus socios en Europa y Asia. El Fondo Monetario Internacional mantiene para México una proyección de crecimiento de 1.5% en 2026, mientras la OCDE advierte que la economía ha mostrado resiliencia, pero bajo un entorno de tensiones comerciales e incertidumbre, y que acelerar la digitalización y elevar habilidades será decisivo para impulsar productividad y nivel de vida.
Ahí es donde la tesis del autor cobra fuerza. La ilusión generativa fue útil para democratizar el acceso a la IA, pero no resolvió el fondo del problema productivo. México necesita menos fascinación por la interfaz y más capacidad para integrar agentes, automatizar procesos, auditar decisiones y traducir datos en resultados. Esa transición importa especialmente porque la relación económica con Estados Unidos sigue siendo el eje del comercio mexicano: en 2025 el intercambio bilateral de bienes sumó 872.8 mil millones de dólares; las exportaciones estadounidenses a México crecieron 1.2% y las importaciones desde México subieron 5.8%. Al mismo tiempo, para México Estados Unidos concentra cerca de 79.95% de sus exportaciones, mientras China, Alemania, Japón y Corea destacan entre los principales proveedores, lo que confirma que la competencia tecnológica mexicana ya se libra en una red comercial que cruza América del Norte, Europa y Asia.
Sin embargo, el mayor obstáculo sigue estando dentro del país. El artículo original acierta al insistir en que la IA no corrige el desorden: lo expone. La evidencia oficial muestra por qué. En México operaron 5.45 millones de unidades económicas en 2023 y 95.5% fueron microempresas; además, solo 86.2% de las micro usaban internet y apenas 25.3% contaban con equipo de cómputo, una base todavía insuficiente para hablar de automatización sofisticada a gran escala. La digitalización mexicana no está avanzando de forma homogénea; se concentra en sectores y territorios específicos, mientras buena parte del tejido empresarial sigue atrapado en baja escala, informalidad y herramientas precarias.

La OCDE refuerza ese diagnóstico: México va rezagado frente a varios pares regionales en adopción de IA y ocupó el octavo lugar en el Índice Latinoamericano de Inteligencia Artificial 2025, con debilidades en infraestructura, centros de datos, cómputo de alto desempeño y marcos habilitantes. En otras palabras, el país puede ser potencia manufacturera sin ser todavía potencia de inteligencia aplicada. Ese desfase importa para los municipios industriales, los clústeres logísticos y las ciudades fronterizas que dependen del nearshoring, porque la siguiente fase de competitividad ya no se decidirá solo por salario o ubicación, sino por calidad de datos, ciberseguridad, energía, talento y velocidad de decisión.
El frente educativo también confirma la preocupación de Hernández Salinas. Tecnológico de Monterrey y el Digital Education Council reportaron en 2026 que el uso de IA entre estudiantes de educación superior en América Latina subió de 86% a 92%, y entre docentes de 61% a 79%. Pero el mismo estudio muestra una grieta más profunda: 65% de los estudiantes teme que la IA fomente aprendizaje superficial, solo 36% del profesorado enseña a usarla y los niveles de alfabetización en IA siguen siendo bajos, con promedios de 1.5 sobre 4.0 en estudiantes y 1.6 sobre 4.0 en docentes. México está formando usuarios veloces, pero todavía no suficientes arquitectos de sistemas, auditores de sesgos ni diseñadores de automatización con criterio cívico e industrial.

Desde la perspectiva internacional, el riesgo es doble. El Banco Mundial ha advertido que la IA puede ampliar acceso al conocimiento, abrir mercados y elevar productividad, pero también ensanchar la brecha entre países preparados y rezagados. El propio FMI sostiene que, para América Latina y el Caribe, el verdadero aprovechamiento de la IA depende de su difusión tecnológica y de facilitar transiciones laborales y empresariales. Eso significa que México no puede limitarse a consumir plataformas extranjeras mientras negocia comercio con Estados Unidos, atrae manufactura de Asia y busca reposicionarse ante Europa, Sudamérica, África y Oceanía. Debe construir capacidades propias de gobernanza, infraestructura, modelos adaptados al español local y reglas éticas auditables.
El gran reto hacia 2026 no es elegir entre modernidad o atraso, sino entre dependencia tecnológica o soberanía operativa. Si México convierte la IA en política de productividad territorial, los municipios podrán usarla para logística, seguridad, agua, atención ciudadana y atracción de inversión. Si no lo hace, la IA solo será otra capa de sofisticación importada sobre instituciones frágiles. La siguiente ventaja competitiva no será el prompt brillante, sino la capacidad de ordenar datos, formar talento crítico y gobernar algoritmos con visión pública.
¿Qué opinas? En interAlcaldes queremos conocer tu perspectiva sobre cómo México y sus municipios deben enfrentar esta nueva disputa tecnológica. Déjanos tus comentarios y súmate a la conversación.
Artículo publicado primero en: http://hersalvj.blogspot.com/2026/03/la-ilusion-de-la-inteligencia.html
Escrito por: Víctor Jesús Hernández Salinas



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