La relación entre México y Silicon Valley dejó de ser una conversación aspiracional para convertirse en un terreno real de competencia geoeconómica. Ya no se trata sólo de atraer inversión extranjera o de exportar manufactura; ahora el eje está en startups, inteligencia artificial, semiconductores, talento digital y plataformas capaces de vender servicios al mundo. En ese nuevo mapa, México tiene una ventaja que pocos países pueden presumir: combina cercanía con el mayor labo