Poncitlán y la apuesta por el saneamiento como motor de desarrollo
- Editorial

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Un municipio puede esperar a que el crecimiento urbano haga evidentes sus carencias o puede construir primero la infraestructura que necesitará para sostenerlo. Poncitlán intenta avanzar por la segunda ruta: convertir el saneamiento del agua en una condición para ordenar su territorio, reducir riesgos ambientales y ampliar sus posibilidades de desarrollo económico.
Poncitlán tiene 53,659 habitantes, de acuerdo con el Censo 2020, y se encuentra en una región donde el agua conecta prácticamente todas las discusiones sobre desarrollo: crecimiento urbano, agricultura, industria, salud pública y protección ambiental. Pero parte de un rezago considerable. En 2024 trataba 42.25% de las aguas residuales generadas, mientras el promedio de Jalisco alcanzaba 70.36%. La diferencia es de más de 28 puntos porcentuales.
Esa brecha explica por qué construir capacidad de saneamiento no es solamente una política ambiental. Para Poncitlán también puede convertirse en política económica.
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Dos plantas para comenzar a cerrar la brecha
Una de las intervenciones más relevantes es la construcción de plantas de tratamiento de aguas residuales en San Miguel Zapotitlán y Santa Cruz el Grande, ambas proyectadas con una capacidad de 8 litros por segundo. En San Miguel Zapotitlán, la Comisión Nacional del Agua reportó una inversión cercana a 22 millones de pesos.
Al 15 de agosto de 2026, ambos proyectos se encontraban en su etapa final de construcción, después de una supervisión realizada por personal de Conagua y de la Comisión Estatal del Agua de Jalisco. El dato es relevante porque obliga a distinguir entre obra construida y servicio funcionando: Poncitlán todavía debe demostrar que esta nueva infraestructura puede operar de forma continua y producir resultados medibles.
Las plantas forman parte, además, de una estrategia mucho mayor. El Gobierno federal destinó para 2026 más de 1,350 millones de pesos al saneamiento y restauración del sistema Lerma-Santiago, una cuenca que comprende 245 municipios de nueve estados.
Poncitlán está entrando así en una política de cuenca en la que la infraestructura local tendrá que producir resultados más allá de los límites municipales.
“Un municipio no se vuelve competitivo cuando inaugura una planta; se vuelve competitivo cuando puede demostrar que su infraestructura funciona todos los días.”

La planta no sirve sin una red que la alimente
El verdadero saneamiento no comienza en la planta de tratamiento, sino kilómetros antes: en viviendas, drenajes, colectores y conexiones capaces de llevar las descargas hasta ella.
En abril de 2026, el municipio inició aproximadamente 255 metros de nueva red de drenaje en San Miguel Zapotitlán para conectar la colonia La Ladrillera con la planta de tratamiento. La intervención contempla inicialmente 18 viviendas y 25 terrenos en proceso de urbanización.
La escala es pequeña frente al tamaño del municipio, pero la lógica es importante. Conectar infraestructura sanitaria con suelo que comienza a urbanizarse significa intentar llevar los servicios antes de que el crecimiento genere un problema mayor.
Ese principio también aparece en los instrumentos de planeación territorial de Poncitlán. El plan para su corredor industrial y comercial plantea que infraestructura, servicios y vivienda son esenciales para el crecimiento, y propone organizar los servicios públicos para impulsar actividad económica y un desarrollo urbano más ordenado.
Aquí está el punto económico del caso.
Sanear también significa aumentar la capacidad para crecer
Las empresas no eligen un territorio solamente por el precio del suelo o la cercanía con una carretera. La disponibilidad de agua, drenaje, energía, tratamiento de descargas y certeza regulatoria también forma parte de la ecuación.
Para un municipio, contar con esa infraestructura significa aumentar su capacidad de absorber crecimiento sin trasladar posteriormente sus costos a los habitantes o al presupuesto público.
Cuando vivienda, comercio o industria aparecen antes que el drenaje y el tratamiento, el crecimiento genera una deuda territorial: contaminación, obras correctivas, conflictos por servicios, mayores costos de mantenimiento y presión adicional sobre los recursos naturales.
Cuando el saneamiento forma parte de la planeación desde el inicio, la ecuación cambia. La infraestructura ambiental deja de corregir el desarrollo y empieza a hacerlo posible.
“El agua tratada no sólo reduce contaminación: amplía la capacidad de un territorio para crecer sin hipotecar su futuro.”
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El reto comienza cuando termina la construcción
Por eso Poncitlán todavía no puede presentarse como un caso de éxito concluido. Puede presentarse como un municipio que está tomando una decisión que merece seguimiento.
La siguiente etapa tendrá que medirse con indicadores mucho menos visibles que una inauguración: litros efectivamente tratados, porcentaje de utilización de las plantas, viviendas y negocios conectados, continuidad operativa, calidad del agua descargada, costos de operación y mantenimiento.
Esa será la prueba verdadera.

El contexto nacional apunta precisamente en esa dirección. En julio de 2026, el Gobierno federal anunció una inversión sexenal de 20 mil millones de pesos para sanear los ríos Atoyac, Lerma-Santiago y Tula, subrayando que la infraestructura deberá contar con operación permanente para evitar que el problema reaparezca después de las inversiones.
Para Poncitlán, eso significa que la oportunidad no termina al concluir las plantas. Comienza ahí.
Si logra conectar progresivamente más descargas, mantener las instalaciones funcionando, publicar resultados y vincular su política hídrica con la planeación urbana y económica, el municipio podrá transformar una inversión de saneamiento en algo mucho más valioso: capacidad territorial para desarrollarse mejor.
Ese es el criterio que debería definir a los municipios que funcionan. No aquellos que nunca tuvieron problemas, sino aquellos capaces de convertir un rezago en infraestructura, una infraestructura en servicio y un servicio en una ventaja para su desarrollo.
¿Qué tendría que hacer Poncitlán para convertir esta inversión en saneamiento en una ventaja permanente para su desarrollo económico y territorial?
Escrito por: Editorial
Fuentes
Secretaría de Planeación y Participación Ciudadana del Gobierno de Jalisco. Plan Regional de Desarrollo. Región Ciénega. Indicador de aguas residuales tratadas; cifras 2024 de la Secretaría de Gestión Integral del Agua.Consultar fuente
Comisión Nacional del Agua. Conagua supervisa obras de saneamiento del río Santiago; se invertirán más de 430 mdp en plantas de tratamiento y colectores.Consultar fuente
Proyectos México. Saneamiento de ríos. Licitaciones de las PTAR de San Miguel Zapotitlán y Santa Cruz el Grande.Consultar fuente
Comisión Nacional del Agua. El Gobierno de México invertirá más de 1,350 mdp en 2026 para el saneamiento del río Lerma-Santiago.Consultar fuente
Data México — Secretaría de Economía. Poncitlán: economía, empleo, población y calidad de vida.Consultar fuente
Gobierno Municipal de Poncitlán. Plan Parcial de Desarrollo Urbano. Corredor Industrial y Comercial Poniente de Poncitlán.Consultar fuente
La Voz de la Ribera. Inician construcción de nueva línea de drenaje en San Miguel Zapotitlán para conectar con planta tratadora. 18 de abril de 2026.Consultar fuente
La Voz de la Ribera. Plantas de tratamiento de San Miguel Zapotitlán y Santa Cruz El Grande entran en etapa final. 15 de agosto de 2026.Consultar fuente
Presidencia de la República. En el sexenio se invertirán 20 mil mdp para sanear los ríos Atoyac, Lerma-Santiago y Tula. 16 de julio de 2026.Consultar fuente





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