La nueva relación económica entre México y China ya no puede leerse solo como una historia de importaciones baratas o de diplomacia comercial. Hoy es un triángulo más complejo: Beijing busca mantener presencia en manufactura, tecnología y movilidad eléctrica; Washington quiere cerrar cualquier puerta trasera hacia su mercado; y México intenta convertir esa tensión en inversión, empleo y capacidad productiva sin poner en riesgo la revisión del T-MEC. Esa ecuación coloca a los