Los municipios mexicanos quieren atraer el capital de su diáspora. Antes de pedirlo, deben responder una pregunta más exigente: ¿qué oportunidad pueden ofrecer sin comprometer el dinero que sostiene a las familias? Una remesa puede pagar alimentos, una consulta médica o la escuela de los hijos. Ese ingreso pertenece al hogar que lo recibe, no a una estrategia municipal de financiamiento. La inversión migrante puede abrir un nuevo capítulo en la relación de México con quienes