México puede llegar a 2040 con procesos productivos más avanzados y con la informalidad todavía dominando el empleo. La diferencia dependerá de quién pueda aprender nuevas habilidades, cuidar a su familia y acceder a un trabajo mejor en el lugar donde vive. El futuro laboral no se decidirá por una sola tecnología. Lo definirán tres fuerzas que ya se cruzan: automatización, envejecimiento y desigualdad territorial. La tesis es clara: México no podrá convertir la modernización