Hay una verdad incómoda en la economía urbana de América del Norte: muchas ciudades ya no se están rediseñando primero en los cabildos, sino en los comités de inversión. El territorio se está moviendo al ritmo del capital inmobiliario, de los fondos logísticos, de los desarrolladores industriales y de las firmas que saben leer antes que nadie dónde habrá consumo, manufactura, datos, vivienda y plusvalía. En México y Estados Unidos, ese capital ya no solo acompaña al crecimien