Durante las últimas dos décadas, las ciudades mexicanas han dejado de ser actores pasivos en el escenario internacional para convertirse en protagonistas de una nueva forma de gobernanza: la acción internacional local . Este fenómeno, lejos de ser una moda institucional, responde a transformaciones estructurales profundas en la economía global, la urbanización acelerada y la creciente necesidad de respuestas locales a desafíos globales como el cambio climático, la migración,