Durante años, la diplomacia científica fue vista como una conversación lejana entre cancillerías, universidades y organismos multilaterales. Hoy ya no. En México, esa lógica comenzó a bajar de escala y a tocar el terreno donde realmente se gana o se pierde competitividad, las ciudades y sus gobiernos locales. La alcaldía que entienda cómo vincular talento, centros de investigación, empresas tecnológicas y cooperación internacional no sólo atraerá prestigio académico; atraerá