Durante décadas, competir en la economía mundial parecía reservado para capitales y grandes metrópolis. Esa lógica está cambiando: ciudades de menor escala están demostrando que no necesitan ser gigantes para convertirse en nodos estratégicos de tecnología, manufactura, talento e inversión. La economía mundial está dibujando una nueva geografía. Nueva York, Londres, Shanghái, Tokio o Ciudad de México continuarán concentrando capital, talento y poder corporativo, pero alrededo