En 2026, la “arquitectura comercial” de América Latina ya no se entiende sólo desde cancillerías y ministerios de economía. Se está escribiendo, con letra más pequeña pero efectos gigantes, desde aduanas urbanas, puertos metropolitanos, parques industriales y centros de datos municipales. La razón es simple: el comercio contemporáneo dejó de ser una discusión de aranceles y se volvió una competencia de cadenas de suministro. Y las cadenas de suministro viven —literalmente— en