top of page

Ciudades en red, el poder ya no vive en la capital

  • Foto del escritor: Editorial
    Editorial
  • hace 3 horas
  • 3 Min. de lectura
Ciudades en red el poder ya no vive en la capital revista interAlcaldes

Las redes internacionales de ciudades son “infraestructuras políticas” donde gobiernos locales cooperan para influir reglas, atraer financiamiento, intercambiar capacidades técnicas y acelerar proyectos. No sustituyen a la diplomacia nacional: la vuelven operable en el terreno. En el siglo XXI, cuando las cadenas de suministro, la transición energética y la seguridad hídrica se deciden por corredores logísticos y zonas metropolitanas, la pregunta ya no es si una ciudad “tiene relaciones internacionales”, sino si sabe convertir relaciones en resultados.

 

En lo político, la cooperación en red amplifica voz y legitimidad: una alcaldía aislada pide; una red coordina y negocia estándares. En lo técnico, reduce el costo de aprender: compartir pliegos, modelos de licitación, métricas y pilotos acorta años a meses. Y en lo financiero, la red actúa como “señal” ante bancos de desarrollo, filantropías y fondos climáticos: proyectos comparables, reportables y escalables se vuelven financiables.


Los datos de 2025 muestran por qué esto importa. En C40, 73% de sus ciudades reportan haber “pico” de emisiones, y el portafolio de acciones climáticas registradas se multiplicó casi por diez hasta 4,723 acciones (dato 2024 reportado en 2025), mientras la gestión de riesgos cubre ya cerca de 85% de los peligros climáticos de mayor exposición. En paralelo, el ecosistema de reporte y transparencia creció: en 2025 más de 1,000 ciudades y gobiernos subnacionales reportaron información ambiental mediante la plataforma CDP-ICLEI, y 120 ciudades obtuvieron calificación “A”. Ese “lenguaje común” de datos es, hoy, moneda para atraer cooperación y capital.

 

Banner interAlcaldes Podcast español

A escala global destacan C40 (clima y políticas urbanas), ICLEI (sustentabilidad y asistencia técnica con una base de más de 2,500 gobiernos locales), y UCLG (representación política y agendas globales). En la dimensión metropolitana, Metropolis conecta grandes áreas urbanas, donde México tiene presencia histórica, por ejemplo Guadalajara como miembro desde 1987. Para acción climática y acceso a herramientas, GCoM agrupa más de 13,800 ciudades y gobiernos locales, con población comprometida superior a 1.2 mil millones. En lo regional, Mercociudades ha escalado a más de 400 ciudades de 12 países, incluyendo México, y es útil para cooperación Sur–Sur y proyectos de política pública “transferible”. 

 

La membresía pasiva es pagar cuota, ir a una cumbre, tomarse la foto y volver a la agenda local sin cambios. La participación estratégica, en cambio, parte de una tesis: “qué quiero conseguir en 12–18 meses y qué red me ayuda a lograrlo”. Implica elegir 1–2 redes núcleo, alinear un portafolio de proyectos bancables (movilidad, agua, energía, digitalización), reportar métricas comparables y convertir cada evento en una negociación concreta: asistencia técnica, hermanamientos con entregables, o una ruta de financiamiento.

 

Revista interAlcaldes Ciudades en red, el poder ya no vive en la capital

La Ciudad de México ha utilizado redes como plataforma de implementación y alianzas. En 2025, por ejemplo, C40 y socios anunciaron cooperación para acelerar la transición de carga eléctrica en México, conectando política climática con logística y calidad del aire, justo donde se juega competitividad. En el plano metropolitano, Guadalajara aparece en Metropolis como nodo reconocido por su peso industrial y digital, útil para puentes con ciudades de América, Europa y África en temas de innovación urbana y atracción de inversión. Y en gobernanza global, México ha ocupado espacios en UCLG (incluyendo representación vinculada a Ciudad de México), lo que convierte a la ciudad en interlocutor para agendas como derechos, cultura y desarrollo urbano. 

 

Ciudades en red el poder ya no vive en la capital revista interAlcaldes infografia

El principal error es medir el retorno con “visibilidad” en lugar de resultados. Los costos son reales: cuotas, viajes, equipo técnico y tiempo político. Algunas redes incluso transparentan rangos de afiliación; por ejemplo, ICLEI México publica cuotas diferenciadas por tamaño poblacional (en MXN). El retorno debe medirse con tres indicadores duros: proyectos acelerados (días ahorrados), financiamiento movilizado (monto y condiciones), y política pública transferida (normas, contratos, KPIs). En 2025, el contexto macro premió a quienes ejecutan rápido: México cerró 2025 con exportaciones récord a EE. UU. por 534,874 millones de dólares, 5.8% más que 2024; y el comercio bilateral total alcanzó 872,834 millones. En ese entorno, una red bien usada puede traducirse en más inversión, más proveedores locales certificados y mejor infraestructura urbana para sostener nearshoring.


 La diplomacia urbana ya no es ceremonial: es una palanca de competitividad. En 2026, el reto mayor será jugar en un tablero más exigente. La revisión del T-MEC/USMCA inicia formalmente el 1 de julio de 2026, y la incertidumbre regulatoria puede frenar inversión si las ciudades no ofrecen certeza, energía, agua y logística confiable. Sumemos presión fiscal, clima extremo y brechas de financiamiento urbano. Quien llegue a esa revisión con portafolios listos, métricas verificables y coaliciones internacionales activas tendrá ventaja para defender empleos, atraer capital y acelerar tecnología. Las redes no son un fin: son el atajo institucional para que el poder local pese, negocie y entregue.

 

Banner suscribete revista interAlcaldes

Escrito por: Editorial

 

Comentarios


bottom of page