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Municipios globales, la nueva guerra económica se libra entre América y Asia

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    Editorial
  • hace 7 minutos
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Municipios globales la nueva guerra económica Revista interAlcaldes

En 2026, la competencia económica ya no se decide únicamente en cumbres presidenciales o en tratados comerciales: se está trasladando al nivel municipal, donde los gobiernos locales aprenden a innovar “en red” para atraer inversión, elevar productividad y resolver servicios públicos con tecnología. A esta dinámica se le conoce como redes de innovación abierta: acuerdos prácticos entre ciudades para compartir datos, modelos de contratación, retos públicos para startups, laboratorios cívicos, transferencia universitaria y cooperación con empresas. La novedad es que estas redes ya no se limitan al eje transatlántico: hoy se tensan con fuerza entre municipios de América y Asia, con ramificaciones hacia Europa y África, y con México jugando un papel bisagra por su integración con Estados Unidos.

 

El incentivo es claro: el comercio y la producción norteamericana se están reorganizando y las ciudades mexicanas —de frontera, industriales y logísticas— están capturando parte de ese reacomodo. En 2025, México registró exportaciones récord a Estados Unidos por 534,874 millones de dólares+5.8% respecto a 2024, y el comercio bilateral total llegó a 872,834 millones. Ese “motor” obliga a los municipios a competir en dos tableros a la vez: cumplir estándares de Norteamérica (proveeduría, trazabilidad, reglas de origen, ciberseguridad) y, simultáneamente, incorporar capacidades asiáticas en manufactura avanzada, digitalización urbana y escalamiento tecnológico.

 

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Los datos de 2025 muestran por qué la innovación abierta se volvió una necesidad y no un lujo. Según INEGI, en octubre de 2025 las exportaciones totales de México crecieron 14.2% anual; dentro de las no petroleras, las dirigidas a Estados Unidos subieron 17.1%, mientras que las canalizadas al resto del mundo crecieron 12.3%. En paralelo, el propio patrón de intercambio con Asia exhibe la urgencia de “subir de nivel”: en noviembre de 2025, México exportó a China 958 millones de dólares e importó 10.7 mil millones, un déficit mensual de 9.74 mil millones. Traducido a política municipal: si las ciudades mexicanas no convierten importaciones tecnológicas en capacidades locales (ingeniería, software, automatización, nuevos materiales), el saldo comercial se convierte en saldo de dependencia.

 

Aquí entra la lógica de las redes intermunicipales América–Asia. Asia aporta velocidad de adopción, densidad industrial y plataformas de innovación aplicada; América —y en particular México, por su cercanía a EE. UU.— aporta demanda integrada, acceso preferencial a Norteamérica y urgencia logística. El puente se construye con instrumentos concretos: retos de innovación para servicios públicos (movilidad, agua, seguridad vial, gestión energética), compras públicas “tipo startup”, sandboxes regulatorios, interoperabilidad de datos y alianzas con universidades para convertir pilotos en políticas escalables. En 2026, la narrativa dominante ya no es “smart city” como marketing, sino “city-as-a-platform” con métricas y retornos.


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La tecnología es el lenguaje común. Un indicador revelador de 2025: un mapeo citado por la OCDE sobre iniciativas urbanas de IA muestra proyectos en 74 ciudades, con 66% concentrado en mejorar gobernanza y servicios urbanos(chatbots, gestión interna municipal, entrega de servicios, incluso apoyo a labores de seguridad). Eso explica por qué la innovación abierta municipal se volvió el nuevo terreno de competencia: la IA aplicada a trámites, inspecciones, mantenimiento urbano o gestión del agua reduce costos, acelera permisos y eleva la confiabilidad para el inversionista. Y, cuando se comparte el “cómo se hizo” entre ciudades —modelos de datos, reglas de contratación, evaluación de impacto— la curva de aprendizaje se acorta drásticamente.

 

Europa y África entran a esta ecuación como socios de estandarización y resiliencia. Europa empuja cooperación urbana descentralizada con énfasis en sostenibilidad e innovación, útil para municipios mexicanos que buscan financiamiento climático, movilidad limpia y planeación metropolitana compatible con reglas internacionales. África, por su parte, aparece como laboratorio de soluciones frugales y de alto impacto —especialmente en servicios básicos y economía local— a través de programas que conectan municipios de América Latina, África y Asia en prácticas de desarrollo económico y capacidades institucionales. En 2026, las ciudades que ganan no son las que “tienen más gadgets”, sino las que pueden demostrar resultados replicables y atraer ecosistemas (universidades, empresas, sociedad civil) alrededor de problemas reales.

 

El punto delicado —y políticamente inevitable— es que el tablero comercial se está endureciendo. México elevó el tono frente a importaciones asiáticas sin tratado, con decisiones legislativas y arancelarias que se extenderían durante 2026 para varios productos. Esto crea una tensión: por un lado se necesita cooperación tecnológica con Asia; por el otro, la política industrial busca corregir desequilibrios. Las redes de innovación abierta ofrecen una salida pragmática: en lugar de depender de importaciones finales, se puede cooperar en transferencia, capacitación y coinversión local, elevando contenido regional y empleo calificado, sin romper puentes.

 

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El gran reto para 2026 es convertir entusiasmo en arquitectura institucional. Primero, gobernanza: muchas ciudades aún no tienen oficinas técnicas capaces de diseñar retos, evaluar pilotos y escalar compras públicas sin capturas. Segundo, datos: sin estándares, interoperabilidad y ciberseguridad municipal, la IA urbana se vuelve promesa frágil. Tercero, financiamiento: si el municipio no puede pagar prototipos, medir impacto y sostener operación, la innovación se queda en demo. Cuarto, diplomacia subnacional: las ciudades mexicanas necesitan alianzas con América, Asia, Europa y África sin contradicción con la agenda federal, y con una lectura fina del vínculo México–EE. UU. Quinto, talento: el cuello de botella de 2026 no será “tener ideas”, sino retener ingenieros, gestores de innovación y especialistas en compras públicas digitales.

 

Si México quiere que 2026 sea el año en que las ciudades se conviertan en verdaderos motores de competitividad, debe tratar estas redes como infraestructura estratégica: tan importante como un puerto o una autopista. Porque la nueva geopolítica —la que realmente se siente en el empleo y la inversión— ya se está escribiendo desde los municipios.

 

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Escrito por: Editorial

 

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