En el mapa económico de Norteamérica, la frontera dejó de ser un borde: es una plataforma. El auge de la diáspora mexicana en Estados Unidos —redes empresariales, profesionales y comunitarias— está empujando la creación de “zonas económicas especiales” de facto: regímenes fiscales y aduaneros preferenciales, recintos estratégicos y foreign-trade zones que conectan capital, talento y cadenas de suministro a ambos lados del límite. La pregunta ya no es si la diáspora pesa en la