En 2026, la frontera México–Estados Unidos dejó de ser solo un termómetro humanitario para convertirse, otra vez, en un tablero de control económico. No es una exageración: cada ajuste a la admisión, a los procesos de asilo, a la deportación o a los canales de entrada legal tiene un efecto inmediato sobre la disponibilidad de mano de obra, los costos operativos y la competitividad de las industrias que sostienen la región fronteriza. Y cuando la mano de obra se mueve —o se in