El agua dejó de ser solamente un servicio público para convertirse en un factor estratégico de gobernanza, competitividad y desarrollo territorial. En un escenario de mayor presión urbana y económica, los municipios que no logren administrar eficientemente este recurso enfrentarán mayores costos sociales, pérdida de inversión y menor capacidad de crecimiento. Durante décadas, muchos gobiernos municipales midieron su capacidad de gestión por las obras visibles: calles paviment