En la competencia por atraer inversión, turismo, talento y cadenas de valor, ya no basta con tener parques industriales, oficinas corporativas o vocación exportadora. La nueva frontera del poder urbano está en la pista de aterrizaje. Las ciudades mexicanas que logren convertir a su aeropuerto en una extensión de su estrategia económica serán las que mejor negocien con Norteamérica, se conecten con Europa y ganen presencia frente a Asia, América del Sur y los mercados emergent