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El botón que apaga al sistema. La automatización que promete progreso, pero puede dejar a México inmóvil

  • Foto del escritor: Víctor Jesús Hernández Salinas
    Víctor Jesús Hernández Salinas
  • 13 abr
  • 4 min de lectura

Actualizado: 15 abr


Crédito total del artículo e ideas base: Víctor Jesús Hernández Salinas. Adaptación editorial para enfoque interAlcaldes a partir de su texto “La Paradoja de la Automatización”.

 

El botón que apaga al sistema Revista interAlcaldes

La gran promesa de la automatización fue simple: producir más, decidir más rápido y reducir errores. Pero la advertencia de Víctor Jesús Hernández Salinas es más incómoda y, por eso mismo, más valiosa: mientras más delegamos funciones críticas a sistemas digitales, más frágiles pueden volverse nuestras instituciones cuando la tecnología falla. En su artículo, el autor plantea una paradoja que hoy ya no pertenece al terreno de la teoría, sino al de la seguridad operativa, una sociedad hiperconectada puede ser, al mismo tiempo, una sociedad menos capaz de reaccionar por sí misma cuando la capa digital colapsa.

 

Ese argumento conecta de lleno con la agenda de interAlcaldes. Para un municipio, un hospital público, una tesorería, una red de agua, un C5 o una plataforma de trámites, la automatización no sólo representa eficiencia, también redefine el riesgo político. Cuando un sistema centralizado concentra expedientes, pagos, monitoreo, videovigilancia y coordinación operativa, el fallo ya no es técnico; se vuelve institucional. El Foro Económico Mundial advirtió en su Global Cybersecurity Outlook 2026 que en América Latina y el Caribe apenas 13% de los encuestados se declara confiado en la preparación nacional para responder a ciberataques contra infraestructura crítica, mientras que 23% de las organizaciones del sector público reporta capacidades insuficientes de ciberresiliencia.


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El artículo de Víctor Jesús Hernández Salinas sobre la “caja negra” también merece leerse desde el servicio público. No basta con tener sistemas sofisticados si cada vez menos personas comprenden su lógica, sus límites y sus protocolos de emergencia. El problema no es usar tecnología; el problema es convertirla en sustituto del criterio humano, de la memoria operativa y del conocimiento manual. Esa erosión del “saber cómo” es especialmente delicada en gobiernos locales, donde la continuidad del servicio depende muchas veces de equipos reducidos, alta rotación administrativa y presupuestos limitados. MIT ha insistido este año en que la nueva industria no puede reducirse a innovación de producto, debe diseñarse con resiliencia, flexibilidad, mantenimiento y valorización del conocimiento en todos los niveles del trabajo.

 

El contexto económico vuelve todavía más urgente esta discusión. El FMI estima que casi 40% de los empleos del mundo está expuesto a transformaciones impulsadas por la IA, y subraya que la demanda de nuevas habilidades ya está alterando salarios, contratación y productividad. Al mismo tiempo, la OCDE proyecta que México crecerá 1.4% este año, mientras el propio FMI ubica la expansión mexicana en torno a 1.5%; es decir, un crecimiento moderado que obliga a elevar productividad sin sacrificar resiliencia.

 

Ahí aparece la dimensión bilateral y global del problema. México no sólo automatiza para competir localmente, sino para sostener su lugar dentro de cadenas productivas que cruzan América del Norte y se conectan con Europa, Asia, África y otros mercados estratégicos. Brookings documentó que México cerró 2025 como principal socio comercial de Estados Unidos, con 873 mil millones de dólares en comercio bilateral, equivalentes a 15.6% del comercio total de bienes de ese país. Además, el cumplimiento del T-MEC en exportaciones mexicanas hacia Estados Unidos subió de menos de la mitad a casi 80% del valor comercial en 2025, una señal de integración más profunda y, al mismo tiempo, de mayor dependencia sistémica.

 

Revista interAlcaldes El botón que apaga al sistema

En otras palabras, cuando México automatiza puertos, aduanas, manufactura avanzada, logística, salud o servicios financieros, no sólo busca eficiencia doméstica, está defendiendo su posición en una competencia global marcada por tensiones comerciales, reconfiguración de proveeduría y presión tecnológica. La Oficina del Censo de Estados Unidos confirma que México se mantuvo entre sus principales socios comerciales al inicio de 2026, mientras estudios recientes destacan que la manufactura mexicana empieza a beneficiarse de la demanda estadounidense vinculada al desarrollo de inteligencia artificial, especialmente en equipo de cómputo, comunicaciones y accesorios electrónicos.

 

Pero el avance también tiene un costo. En México, la inflación anual llegó a 4.59% en marzo y Banxico mantiene la tasa objetivo en 6.75%, señales de una economía que necesita modernizarse sin perder capacidad de respuesta ante choques externos. A eso se suma un entorno donde la adopción de IA ya dejó de ser marginal, la Gaceta UNAM reporta que 77% de las empresas usa o explora IA, 58% ya emplea IA generativa en contenido o atención al cliente y 60% de los trabajadores la utiliza en tareas diarias. El problema, como advirtió el texto original, no es que la tecnología entre a todas partes, sino que lo haga más rápido que la formación, la gobernanza y la cultura operativa.

 

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El mayor reto hacia 2026 no será elegir entre automatizar o no automatizar. Esa discusión ya quedó atrás. El verdadero desafío será construir una resiliencia híbrida, sistemas digitales robustos, pero también protocolos manuales, talento técnico capaz de intervenir sin interfaz, ciberseguridad con enfoque territorial y autoridades que entiendan que soberanía tecnológica también significa continuidad operativa. La International AI Safety Report 2026 insiste en que la seguridad de la IA depende de la preparación institucional, de la cooperación internacional y de reglas que acompañen la innovación en vez de perseguirla tarde. Para México, eso implica profesionalizar gobiernos locales, blindar infraestructura crítica y formar cuadros que no sólo sepan usar plataformas, sino sostener servicios esenciales cuando la pantalla se apaga.

 

En interAlcaldes queremos conocer su perspectiva. ¿La automatización está fortaleciendo realmente a los municipios y a las instituciones, o nos está haciendo más dependientes y vulnerables? Déjenos sus comentarios y sumemos una conversación seria sobre tecnología, soberanía operativa y futuro público.

 

 

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