La narrativa sobre la frontera México–Estados Unidos suele quedar atrapada entre migración, seguridad y disputa política. Pero hay otra historia, más silenciosa y mucho más estratégica: la de Tijuana–San Diego como una sola plataforma de producción avanzada. No es exagerado decir que esta franja funciona hoy como una fábrica global donde México aporta velocidad industrial, talento técnico y capacidad exportadora, mientras California suma diseño, capital, servicios, tecnología