México no tiene solo un problema de puertos. Tiene un problema de poder territorial. Exporta como potencia, pero todavía administra parte de su logística como si fuera trámite. Esa es la contradicción. Mientras las cadenas globales se reordenan por costos, seguridad, agua, energía, tecnología y tiempos de entrega, México sigue postergando una pregunta incómoda: ¿quiere ser únicamente un país que vende mucho o una nación capaz de gobernar la ruta por donde se mueve su valor?