México tiene una deuda educativa que casi nunca aparece en los discursos oficiales: formamos estudiantes para aprobar exámenes, pero no siempre para tomar decisiones de vida. Un niño puede memorizar fechas históricas, fórmulas matemáticas y nombres de ríos. Puede pasar años copiando definiciones en una libreta. Pero muchas veces llega a la adultez sin saber hacer un presupuesto, entender un crédito, ahorrar con objetivo, protegerse de una deuda o dimensionar qué significa n