Los municipios que no se suban al nuevo mapa comercial quedarán fuera del juego global
- Editorial

- hace 13 horas
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Durante años, en México se pensó que los tratados comerciales eran asunto de cancillerías, secretarías federales y grandes corporativos. Esa idea ya caducó. Hoy, en un entorno de crecimiento global más débil, cadenas de suministro reordenándose y reglas comerciales en plena disputa, el verdadero campo de batalla está en el territorio, puertos, cruces fronterizos, parques industriales, aduanas interiores, redes digitales, agua, energía y capacidad local de ejecución. La OMC prevé que el crecimiento del comercio mundial de mercancías baje de 4.6% en 2025 a 1.9% en 2026; la UNCTAD advierte que el comercio seguirá creciendo, pero en un entorno más fragmentado, con más presión geopolítica, más regulación verde y más peso de los servicios digitales; y el FMI recortó su previsión de crecimiento global a 3.1%, con inflación de 4.4%, en medio del shock energético reciente.
En ese tablero, México llega con fortalezas reales, pero también con señales que obligan a dejar la autocomplacencia. El país mantiene una red de 14 tratados de libre comercio con 52 países, una ventaja que pocos competidores pueden exhibir. Además, las exportaciones mexicanas arrancaron el año con vigor, en febrero sumaron 56,851 millones de dólares, 15.8% más que un año antes, y en el acumulado enero-febrero crecieron 12.2%. Las no petroleras avanzaron 13.8% y las manufactureras 13.4%. A eso se suma que la IED cerró 2025 en un récord de 40,871 millones de dólares, con un alza anual de 10.8%. El dato, sin embargo, tiene una lectura menos cómoda, 67.7% de esa inversión fue reinversión de utilidades y sólo 18.1% correspondió a nuevas inversiones. Es decir, México conserva capital, pero todavía no convierte todo su potencial geoeconómico en nuevas apuestas productivas.
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Ahí entra el municipio. Porque el nuevo orden comercial no se gana en los discursos sobre nearshoring, sino en la velocidad para abrir una planta, conectar una nave a la red eléctrica, liberar suelo industrial, garantizar seguridad logística y formar talento técnico. Brookings documentó que el cumplimiento del T-MEC en las exportaciones mexicanas hacia Estados Unidos subió en 2025 desde menos de la mitad hasta casi 80% del valor comercial, mientras México consolidó su liderazgo como principal socio comercial de Estados Unidos, con 873 mil millones de dólares en intercambio bilateral. Pero el Banco Mundial advirtió que la incertidumbre en torno a la revisión del T-MEC está frenando inversión y mantiene la previsión de crecimiento mexicano en apenas 1.3% para este año. En otras palabras, el vínculo con Norteamérica sigue siendo la columna vertebral, pero ya no alcanza por sí solo.
La diversificación, por tanto, dejó de ser un slogan. Europa vuelve a ocupar el centro de la estrategia, México y la Unión Europea reiteraron en enero su compromiso de firmar el Acuerdo Global modernizado en el primer trimestre, mientras Bruselas seguía en marzo el proceso de negociación o ratificación con México. En paralelo, la relación con Asia y Oceanía gana densidad a través del CPTPP, justo cuando la propia alianza transpacífica y la Unión Europea empujan una reforma profunda de la OMC y exploran fórmulas alternas para blindar cadenas de suministro y diversificar comercio. A esto se suma un tema decisivo para las ciudades, tras el fracaso de una extensión multilateral en la OMC, un grupo de 23 países —incluido México— pactó no imponerse aranceles al comercio electrónico entre ellos. Y en el Sur global, la UNCTAD subraya que 57% de las exportaciones de los países en desarrollo ya se dirigen a otros mercados en desarrollo, con un fortalecimiento creciente de los vínculos entre África y América Latina.

Eso modifica la agenda municipal de fondo. Un municipio mexicano que quiera insertarse en los nuevos tratados multilaterales ya no puede vender sólo ubicación geográfica o mano de obra barata. Necesita trazabilidad aduanera, gestión hídrica, certidumbre regulatoria, conectividad digital, estándares ambientales y relación operativa con universidades, clústeres y recintos logísticos. No es casual que la UNCTAD señale que casi dos tercios del comercio mundial ocurre dentro de cadenas de valor, ni que el Banco Mundial insista en que el principal freno regional es la debilidad de la inversión. Tampoco es menor que la inflación mexicana haya repuntado a 4.59% anual en marzo, porque cada presión sobre energía, transporte o insumos termina pegando en la competitividad territorial.

El reto central para México no es firmar más tratados, sino territorializar sus beneficios. Los municipios con vocación exportadora o logística deberán dejar de pensar como oficinas administrativas y empezar a operar como plataformas de competitividad. Los que entiendan la lógica de América del Norte sin cerrarse a Europa, Asia, Oceanía y África podrán atraer manufactura avanzada, servicios digitales, agroindustria sofisticada y cadenas ligadas a minerales críticos, electromovilidad y semiconductores. Los que no lo hagan quedarán atrapados en la vieja economía del trámite, mientras el comercio mundial se reorganiza sin esperar a nadie. En esta nueva etapa, la política comercial ya no termina en la firma de un tratado, empieza en la capacidad del municipio para convertir esa firma en inversión, empleo y poder local.
Te invitamos a dejar tus comentarios y compartir qué municipios mexicanos consideras mejor posicionados para aprovechar este nuevo mapa comercial.
Escrito por: Editorial





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