La seguridad pública suele discutirse como si fuera una responsabilidad lejana: del gobierno federal, de las fuerzas armadas, de las fiscalías o de las policías estatales. Pero para el ciudadano que sale a trabajar, espera transporte, abre un negocio, cruza una plaza o permite que sus hijos caminen a la escuela, la seguridad no se mide en discursos nacionales. Se mide en el municipio. Ahí está el primer error de muchos gobiernos locales: creer que la violencia es demasiado gr