En 2026, el financiamiento internacional con enfoque de género dejó de ser un tema “de responsabilidad social” para convertirse en una palanca dura de competitividad. La razón es pragmática: los mercados de capital, los bancos de desarrollo y los grandes inversionistas están premiando proyectos que miden impacto , reducen riesgos y mejoran productividad. Y pocas agendas producen retornos tan claros como la que reduce brechas de participación laboral, acceso al crédito y segu