Innovar o quedar fuera: 2025 pone a prueba el gobierno local en México y EE.UU.
- Editorial

- 13 ago 2025
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La innovación pública dejó de ser cosmética: hoy es la diferencia entre un gobierno que resuelve y uno que se rezaga. En 2025, la coyuntura binacional es clara. En México, el lanzamiento de Llave MX y la creación de la Agencia de Transformación Digital y Telecomunicaciones encaminan al país hacia la simplificación de trámites y la interoperabilidad de datos a escala federal. Se ha prometido digitalizar hasta el 80% de los trámites y reducir sus tiempos en 50%, una apuesta que, traducida a ventanillas municipales, significaría menos costos, filas más cortas y menos discrecionalidad en la calle. En Estados Unidos, la agenda de conectividad sigue en el centro: en enero de 2025, el Departamento de Comercio afinó lineamientos del programa BEAD para permitir tecnologías “alternativas” (como satélites LEO) en zonas remotas, con todos los debates sobre costo, calidad y equidad que ello implica.
El marcador de 2024 ofrece lecciones concretas. En EE.UU., el ICMA encuestó a directivos locales y halló que 48% consideró la IA de baja prioridad, mientras menos de 6% la vio como alta. Apenas 10% designó a alguien para coordinar IA y sólo 9% contaba con una política institucional. Donde sí ven valor inmediato es en atención ciudadana (55%) y en modelación presupuestal (38%); los mayores obstáculos son la falta de conocimiento (77%) y el temor a la desinformación (70%). Estos datos explican por qué muchos ayuntamientos siguen en “modo piloto” y no en ejecución plena. Aun así, la Encuesta Digital Cities 2024 registró que, en promedio, 24% de las ciudades ya pasó de pilotos a implementación en IA; donde más se aplica es en detección de amenazas (75%), seguida de procesamiento de lenguaje natural (37%) y análisis de sentimiento (36%).
Prioridades para 2025: La ciberseguridad, experiencia ciudadana y automatización de procesos.
Complementariamente, la red What Works Cities elevó el estándar de gestión basada en datos: 74 ciudades habían logrado la certificación al iniciar 2024, un referente útil para alcaldías que buscan profesionalizar su toma de decisiones.
Del lado mexicano, la Ciudad de México ofrece un laboratorio aplicable a municipios medianos: Llave CDMX acumula 6.3 millones de usuarios y más de 200 trámites y servicios digitales, con transacciones masivas en licencias de conducir, becas y tarjetas de circulación. El mérito no es sólo tecnológico: es de gestión y de diseño regulatorio para reducir la discrecionalidad en ventanillas. La expansión nacional de Llave MXabre la puerta a que ayuntamientos integren identidad digital y expediente único; el reto será asegurar interoperabilidad, protección de datos y resiliencia ante ciberataques (temas que ya han estado en la conversación pública desde 2024) sin frenar la adopción.

¿Cuál es la traducción política y económica de estos avances?
Primero, productividad institucional: menos trámites presenciales libera tiempo de servidores públicos y reduce costos operativos.
Segundo, legitimidad: la capacidad de responder (rápido y con información) sube la confianza y reduce el espacio para la corrupción menor.
Tercero, competitividad territorial: municipios que integran datos, identidad digital y pagos electrónicos atraen inversión y aceleran licencias, obras y servicios urbanos.
Pero 2025 no es un año sencillo. La brecha de conectividad (clave para zonas rurales y periurbanas) dependerá de cómo se ejecute BEAD y de los estándares que adopten los Estados; las definiciones técnicas y regulatorias que se tomen en los próximos meses marcarán si los gobiernos locales operan sobre fibra robusta o soluciones menos estables. Además, los Estados deben presentar sus propuestas finales de BEAD en el segundo semestre de 2025, lo que condiciona calendarios municipales para digitalizar servicios basados en banda ancha. En México, el reto es bajar a territorio la agenda federal: si la identidad digital se queda en ventanillas estatales, los municipios seguirán capturando copias y validando a mano. La ciberseguridad exige presupuestos, talento y protocolos (no sólo comunicados) y una coordinación estrecha con órganos garantes de datos personales.
¿Qué hacer desde un cabildo fronterizo o una ciudad intermedia del Bajío?
Uno, gobernanza de datos: inventariar datos críticos, definir responsables, catálogos y niveles de acceso; seguir marcos de certificación que ya miden prácticas, como What Works Cities, para no reinventar la rueda.
Dos, políticas de IA antes de la compra: casos de uso con métricas, riesgo y sesgos evaluados, contratos con cláusulas de auditabilidad y salida; si no hay un responsable de IA, nombre uno.
Tres, arquitectura interoperable: identidad digital, pagos y notificaciones como “capas comunes” sobre las que cualquier dependencia pueda construir servicios; técnicamente, API abiertas y estándares; políticamente, pactos interinstitucionales.

La cultura de la innovación no es un hackatón; es disciplina. Los presidentes municipales que entiendan que 2025 es el año de operar a escala (conectividad garantizada, identidad funcional y procesos automatizados) transformarán a sus gobiernos en plataformas de servicios confiables. El resto, aunque compre tecnología, seguirá gestionando filas.
Escrito por: Editorial




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