Sudamérica acelera. Los corredores verdes que pueden redibujar el comercio de México con Europa y África
- Editorial

- hace 2 días
- 4 Min. de lectura

La discusión sobre corredores verdes y logística sostenible en Sudamérica dejó de ser un tema ambiental decorativo para convertirse en una disputa dura por competitividad, influencia comercial y control de las cadenas de suministro. Lo que está en juego no es solo cómo mover mercancías con menos emisiones, sino quién capturará el valor de la próxima etapa del comercio entre América, Europa y África. Para México, que en 2025 mantuvo un intercambio de bienes con Estados Unidos de 872.8 mil millones de dólares y sigue dependiendo de una logística norteamericana cada vez más vigilada, la señal sudamericana es clara: el comercio del futuro será más regional, más multimodal y más exigente en huella de carbono.
Sudamérica avanza en esa dirección con una mezcla de puertos, energía limpia, digitalización y rediseño geopolítico. El ejemplo más visible apareció el 28 de enero, cuando los puertos de Santos y Valencia firmaron un memorando para crear un corredor marítimo verde entre Europa y Sudamérica. El acuerdo no se limita a buenas intenciones: contempla combustibles de bajas o cero emisiones, suministro eléctrico a buques en puerto, electrificación de terminales y eficiencia logística apoyada en tecnologías digitales. El mensaje político es potente: la sostenibilidad ya no se negocia al margen del comercio transatlántico; se está incorporando a su infraestructura central.
Ese movimiento importa a México por una razón práctica. Mientras el T-MEC protege gran parte del comercio con Estados Unidos, también lo expone a revisiones, reglas de origen más estrictas y nuevas presiones sobre contenido, energía y trazabilidad. Al mismo tiempo, en enero de 2026 las exportaciones no petroleras mexicanas hacia Estados Unidos crecieron 7.9% anual, pero las canalizadas al resto del mundo aumentaron 19.6%, una señal de que la diversificación ya no es discurso sino necesidad operativa. Si Sudamérica consigue enlazar corredores limpios hacia Europa y, más adelante, hacia el Atlántico sur y África, México enfrentará una competencia nueva: no solo por costos, sino por credenciales verdes y tiempos logísticos.
Los avances de este año muestran que el tablero se está moviendo. El Corredor Bioceánico que une Brasil, Paraguay, Argentina y Chile ya es visto por organismos multilaterales como una plataforma de integración continental. La OCDE estima que una conectividad mejorada en ese eje puede reducir costos de transporte de carga entre 30% y 40% y recortar hasta 15 días de envío, mientras que el BID destaca que la ruta continua supera las 2,300 millas y conecta el Atlántico con puertos chilenos del Pacífico como Antofagasta, Iquique y Mejillones. En otras palabras, Sudamérica está construyendo un atajo físico y regulatorio para reposicionarse ante Asia, Europa y África.

También hay señales tecnológicas relevantes. Reuters reportó que la nueva ruta directa entre Guangzhou y Chancay, en Perú, reduce costos logísticos alrededor de 20% y acelera la conexión con puertos como Manzanillo en México y San Antonio en Chile. Más allá del componente chino, el dato clave es otro: los corredores sostenibles no funcionan sin hubs portuarios profundos, sistemas digitales y redes regionales de distribución. Chancay ya está actuando como plataforma de redistribución para vehículos híbridos y eléctricos hacia Chile, Ecuador y Colombia, y eso anticipa cómo podrían operar futuras cadenas bajas en carbono.
La base energética para esa transformación existe. En América Latina, la inversión en energía limpia aumentó casi 25% desde 2015 y alcanzó 70 mil millones de dólares en 2025, según la IEA. Reuters destacó además que la región genera 60% de su electricidad con fuentes limpias, aproximadamente el doble del promedio global. Esa ventaja comparativa es decisiva: sin electricidad relativamente limpia, hablar de puertos electrificados, hidrógeno verde, almacenamiento o transporte terrestre de menores emisiones es marketing; con ella, se vuelve estrategia industrial. Chile ya roza meses con cerca de 70% de generación renovable y lidera el almacenamiento regional con más de 1,000 MW instalados; Brasil, por su parte, suma proyectos de e-fuels como la planta de HIF Global en Açu, donde cada módulo proyectado produciría 220,000 toneladas anuales de metanol para combustibles sintéticos.
Las universidades también están leyendo esta transición como un problema de competitividad, no solo de clima. MIT advirtió que un corredor verde viable debe combinar descarbonización significativa con beneficios económicos reales. Desde México, la UNAM ha subrayado que el predominio carretero sigue siendo el gran cuello de botella: en América Latina, el transporte por carretera representó en promedio 85% de la carga movilizada entre 2019 y 2021, mientras que el transporte de carga concentra la mayor parte de las emisiones logísticas. Esa combinación explica por qué la batalla no se resolverá solo en los puertos: se resolverá también en ferrocarriles, última milla, aduanas, software de trazabilidad y financiamiento.
Para Europa, el incentivo es regulatorio y comercial: descarbonizar rutas antes de que los nuevos costos climáticos encarezcan cadenas intensivas en carbono. Para África, la oportunidad está en un Atlántico sur más conectado con Brasil y en futuros corredores entre socios del Sur global; el PNUD ya identifica para Brasil una próxima ola de enlaces de comercio y transporte con socios africanos, asiáticos y latinoamericanos, acompañados por corredores logísticos verdes y resilientes al clima. Para México, la lección es incómoda pero útil: si Sudamérica avanza más rápido en integrar energía limpia, infraestructura multimodal y narrativa geopolítica, podría ganar espacio en mercados donde hoy la ventaja mexicana depende demasiado de la proximidad con Estados Unidos.

El gran reto para desarrollar su potencial hacia 2026 es menos tecnológico que institucional. La región necesita financiamiento más barato, normas comunes, interoperabilidad aduanera, seguridad jurídica y gobiernos subnacionales capaces de ejecutar. América Latina todavía capta solo 5% de la inversión privada mundial financiada en energía limpia, y además invierte alrededor de 3% de su PIB en infraestructura energética frente a 5% en Europa, Asia, Medio Oriente y el norte de África. Si esa brecha persiste, los corredores verdes corren el riesgo de quedarse en mapas espectaculares y comunicados diplomáticos. Pero si Santos, Chancay, el Bioceánico y los nuevos enlaces con Europa logran consolidarse, Sudamérica no solo moverá mercancías con menos carbono: moverá el centro de gravedad del comercio hemisférico. Y México tendrá que decidir si compite como vecino barato de Estados Unidos o como potencia logística limpia con alcance transcontinental.
En interAlcaldes queremos conocer tu visión: ¿pueden México y Sudamérica construir una agenda logística verde complementaria o terminarán compitiendo por las mismas rutas e inversiones? Déjanos tus comentarios.
Escrito por: Editorial




Comentarios