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El error que está frenando a las ciudades mexicanas

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    Editorial
  • 19 ene
  • 4 Min. de lectura
Revista interAlcaldes El error que está frenando a las ciudades mexicanas

La internacionalización de las ciudades no es un proceso espontáneo ni una consecuencia automática de la globalización. Para que la acción internacional genere beneficios reales y sostenibles, debe estar planeada, institucionalizada y alineada al desarrollo territorial. En un entorno global cada vez más competitivo, las ciudades que improvisan su proyección exterior corren el riesgo de diluir recursos, perder oportunidades y generar acciones de bajo impacto.

 

Hoy, las ciudades concentran más del 55% de la población mundial y producen alrededor del 60% del Producto Interno Bruto global. En este contexto, los gobiernos locales se han convertido en actores clave de la economía internacional, la cooperación multilateral y la implementación de agendas globales. Sin embargo, no todas las ciudades participan en igualdad de condiciones. Aquellas que cuentan con una estrategia clara de internacionalización logran atraer inversión, cooperación técnica, innovación y visibilidad; las que no, suelen limitarse a esfuerzos aislados y de corto plazo.

 

Planear la internacionalización exige partir de una premisa fundamental: cada ciudad es distinta. No existen modelos universales ni recetas replicables. El llamado enfoque territorial reconoce que cada municipio o estado posee vocaciones productivas, capacidades institucionales, capital social y retos específicos que deben guiar su proyección internacional.

 

Este enfoque concibe al territorio como un sistema vivo, integrado por actores públicos, privados y sociales. Bajo esta lógica, la internacionalización deja de ser una función exclusiva de una oficina gubernamental y se convierte en un proyecto colectivo, capaz de articular intereses económicos, sociales, culturales y ambientales. La participación del sector privado, la academia, la sociedad civil y la ciudadanía organizada fortalece la legitimidad y la continuidad de la estrategia.

 

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Una estrategia internacional basada en el enfoque territorial suele ser participativa, multisectorial y multinivel. Además, permite que la acción exterior trascienda los periodos de gobierno y se consolide como una visión de desarrollo de mediano y largo plazo.

 

Planear la internacionalización implica asumirla como política pública, no como una actividad complementaria. Esto supone un cambio importante en la cultura administrativa de muchos gobiernos locales: pasar de una visión estrictamente localista a una concepción del territorio como actor de la sociedad global.

 

Cuando la acción internacional se integra al plan de desarrollo municipal o estatal, adquiere carácter transversal. Se vincula con áreas como desarrollo económico, turismo, cultura, medio ambiente, innovación, movilidad y atención a la diáspora. Además, permite alinear las prioridades locales con marcos globales como la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, cuya implementación depende en aproximadamente 65% de competencias locales.

 

Asumir la internacionalización como política pública también implica definir objetivos claros, responsables, plazos e indicadores de desempeño. Sin estos elementos, la acción exterior corre el riesgo de convertirse en una suma de esfuerzos dispersos, difíciles de evaluar y justificar ante la ciudadanía.

 

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Gobernanza y participación de actores

Uno de los pilares de la planificación internacional es la gobernanza territorial. Las ciudades que logran mayor impacto internacional son aquellas que construyen su estrategia mediante esquemas de diálogo, coordinación y corresponsabilidad entre múltiples actores.


La experiencia comparada muestra que las estrategias más sólidas involucran activamente a cámaras empresariales, universidades, centros de investigación, organizaciones sociales, líderes culturales y comunidades migrantes. Esta participación no solo mejora la calidad de las decisiones, sino que también incrementa la legitimidad política de la internacionalización.


Una ciudad que dialoga con su territorio antes de proyectarse al mundo tiene mayores probabilidades de atraer socios estratégicos, sostener compromisos internacionales y convertir la cooperación en beneficios tangibles para la población.

 

El diseño de una estrategia de internacionalización local requiere instrumentos concretos. Entre los más relevantes se encuentran el diagnóstico internacional del territorio, que identifique fortalezas, oportunidades, debilidades y amenazas; el perfil internacional de la ciudad, que sintetice sus características económicas, sociales y culturales; y la definición de prioridades, alineadas al proyecto de gobierno.

 

Asimismo, resulta indispensable distinguir entre promoción territorial e internacionalización estratégica. Si bien la atracción de inversión y turismo es un componente importante, la acción internacional no debe reducirse a una lógica de marketing. La cooperación técnica, el intercambio de políticas públicas, la innovación urbana y la diplomacia cultural también generan valor a largo plazo.

La asignación presupuestaria y la definición de un modelo institucional claro son señales fundamentales de compromiso político. Sin recursos ni estructura, la planificación corre el riesgo de quedarse en el papel.

 

La planificación estratégica solo es efectiva si se acompaña de institucionalización. Las Oficinas de Asuntos Internacionales, o estructuras equivalentes, permiten coordinar esfuerzos, profesionalizar al personal y asegurar la continuidad de la estrategia más allá de los cambios de administración.

 

En México, este proceso ha avanzado de manera significativa. Actualmente existen 25 oficinas estatales de asuntos internacionales, frente a solo 10 en 2010, y un número creciente de municipios que comienzan a estructurar su acción exterior de forma sistemática. Este fortalecimiento institucional ha sido clave para transitar de una internacionalización reactiva a una internacionalización planificada.

 


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Toda estrategia internacional debe ser evaluable. Algunos resultados pueden medirse en términos cuantitativos —inversión captada, proyectos de cooperación, acuerdos firmados—, pero otros impactos son cualitativos: fortalecimiento institucional, apertura cultural, mayor capacidad de negociación o posicionamiento internacional.


Reconocer ambas dimensiones permite a los gobiernos locales comunicar mejor sus resultados y rendir cuentas a la ciudadanía, fortaleciendo la confianza pública en la acción internacional.

 

Planear la internacionalización de una ciudad no es un ejercicio técnico aislado, sino una decisión política de largo plazo. En un mundo interdependiente, las ciudades que articulan su identidad territorial con una visión global están mejor preparadas para enfrentar crisis, atraer oportunidades y mejorar la calidad de vida de su población.

 

La internacionalización, cuando se diseña con enfoque territorial e institucional, deja de ser un privilegio de las grandes metrópolis y se convierte en una herramienta estratégica al alcance de gobiernos locales comprometidos con el desarrollo sostenible. El desafío no está en salir al mundo, sino en hacerlo con rumbo, coherencia y propósito.

 

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Escrito por: Editorial


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