Empleo joven y crianza La ecuación que México no ha sabido resolver
- Editorial

- hace 3 horas
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México quiere jóvenes productivos, familias estables, más formalidad y un futuro demográfico sostenible. Pero les está pidiendo todo eso a una generación que trabaja tarde, gana poco, renta caro, se mueve lento y cría casi sola.
La cuenta no cierra.
El problema del empleo joven en México no es únicamente laboral. Es una falla de diseño nacional. El país separó artificialmente tres decisiones que en la vida real ocurren al mismo tiempo: trabajar, independizarse y criar. Mientras la política pública las atienda por separado, México seguirá perdiendo talento, productividad y futuro.
“México no tiene una crisis de ganas de trabajar. Tiene una crisis de condiciones para construir vida.”
El bono demográfico se está agotando en la informalidad
México todavía tiene una base joven relevante. En el primer trimestre de 2025 había 30.4 millones de personas de 15 a 29 años, equivalentes a 23.3% de la población nacional. De ese grupo, 15.9 millones eran económicamente activos y 14.5 millones no realizaban actividad económica. La tasa de desocupación juvenil fue de 4.8%, casi el doble de la tasa general, y la informalidad alcanzó a 58.8% de los jóvenes ocupados, de acuerdo con INEGI.
Ese dato no habla solo de empleo. Habla de vidas postergadas.
Un joven informal no solo gana menos. Planea menos. Cotiza menos. Ahorra menos. Aplaza una vivienda. Retrasa una familia. Se mueve entre chambas, no entre trayectorias. Y cuando millones viven así, el costo deja de ser individual: se vuelve municipal, fiscal, empresarial y político.
Para un alcalde, la informalidad joven significa menos base contributiva, más presión social y menor arraigo. Para una empresa, significa rotación, menor capacitación acumulada y dificultad para retener talento.
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“El desempleo joven no deja solo currículums vacíos; deja territorios sin futuro.”
Criar también es infraestructura económica
Durante años, México trató la crianza como asunto privado. Como si cuidar hijos fuera una decisión doméstica sin impacto en la inversión, en la productividad o en la competitividad territorial. Esa lectura ya no alcanza.
La Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo 2024 muestra la dimensión real del problema: las mujeres dedican en promedio 39.7 horas semanales al trabajo doméstico, de cuidados y voluntario, frente a 18.2 horas de los hombres. En el cuidado de niñas y niños de 0 a 5 años, ellas dedican 33.4 horas semanales y ellos 14.8.
La brecha no está solo en las horas. Está en lo que esas horas impiden: aceptar un empleo formal, estudiar, capacitarse, emprender, trasladarse, descansar, crecer profesionalmente.
México no puede hablar de talento si no habla de tiempo. No puede hablar de productividad si ignora quién sostiene la vida cotidiana. No puede pedir más participación laboral femenina mientras la crianza siga funcionando como una penalización silenciosa.
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“Cuando cuidar castiga, trabajar deja de ser una ruta de movilidad y se vuelve una carrera contra el agotamiento.”
La maternidad joven entra al mercado laboral en desventaja
La conversación sobre empleo joven no puede separarse de la crianza. En 2023, México tenía 33.7 millones de mujeres de 15 a 49 años; 62.9% declaró ser madre. Entre las jóvenes de 20 a 24 años, 36.2% ya era madre; entre las de 25 a 29 años, la proporción subía a 62.6%.
Eso significa que una parte importante de la juventud mexicana no solo busca trabajo. También cuida, sostiene hogares y toma decisiones familiares en un mercado que todavía premia la disponibilidad total y castiga la maternidad.

El IMCO reportó que 17.7 millones de mujeres combinaron cuidados con empleo en 2025, pero en condiciones menos favorables: más informalidad y menores ingresos frente a padres y mujeres sin hijos. El mismo análisis advierte que la tasa de fecundidad en México es de 1.9 hijos por mujer, por debajo del nivel de reemplazo poblacional de 2.1.
La señal es incómoda: México hizo económicamente más difícil tener hijos, pero políticamente sigue sorprendiéndose por el envejecimiento, la baja fecundidad y la falta de talento disponible.
El municipio que no cuida, pierde competitividad
La solución no vive solo en Palacio Nacional ni en los congresos. Vive también en el municipio.
Un parque industrial sin centros de cuidado cercanos no es plenamente competitivo. Una zona comercial con horarios incompatibles con la crianza expulsa talento. Un corredor logístico sin transporte seguro para madres jóvenes reduce participación laboral. Un municipio dormitorio que obliga a traslados de dos horas rompe cualquier equilibrio entre empleo y familia.
“El municipio que no entiende los cuidados termina subsidiando su propia informalidad.”
Aquí hay una agenda concreta para gobiernos locales: uso de suelo para centros de cuidado, permisos ágiles para estancias infantiles reguladas, alianzas con empresas, transporte seguro, capacitación flexible, bolsas de empleo con enfoque de cuidados, horarios escalonados, incentivos a empleadores que retengan talento joven y coordinación metropolitana donde la vida diaria rebasa límites municipales.
No es asistencialismo. Es estrategia económica.
La conversación global ya va en esa dirección. Economías que enfrentan envejecimiento, baja fecundidad y escasez de talento están entendiendo que los cuidados son parte de la política laboral, urbana y demográfica. México no necesita copiar modelos europeos, asiáticos o norteamericanos sin adaptación. Necesita entender la lección: los cuidados ya no son un tema blando. Son infraestructura para competir.
Empresas y gobiernos deben dejar de mirar hacia otro lado
El sector empresarial también tiene una decisión pendiente. La flexibilidad laboral, las licencias parentales, los horarios inteligentes y los apoyos de cuidado no pueden seguir viéndose como prestaciones decorativas. Son herramientas para competir por talento.

La empresa que no adapte su modelo laboral a la crianza competirá con una mano atada. Y el gobierno que ignore esa realidad seguirá diseñando políticas de empleo incompletas.
México quiere nearshoring, inversión, manufactura avanzada, innovación y ciudades más productivas. Pero esos objetivos descansan sobre personas reales: jóvenes que necesitan ingresos dignos, madres que necesitan tiempo, padres que deben participar más en los cuidados y municipios que deben ordenar la vida cotidiana para que trabajar no sea incompatible con criar.
La pregunta ya no es si México puede financiar una política seria de cuidados. La pregunta es cuánto más está dispuesto a perder por no tenerla.
Porque un país que obliga a sus jóvenes a elegir entre empleo y crianza no está defendiendo la familia. Está debilitando su futuro. ¿Qué municipio se atreverá a entender antes que los demás que cuidar también es competir?
Escrito por: Editorial


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