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México envejece. El país que no hizo fácil tener hijos

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    Editorial
  • hace 3 días
  • 4 Min. de lectura
México envejece El país que no hizo fácil tener hijosRevista interAlcaldes

México pasó décadas entendiendo la planeación familiar como una política para tener menos hijos. En su momento tuvo lógica: el país era más joven, más rural, con hogares numerosos y servicios públicos insuficientes. El mensaje fue claro, menos nacimientos significaban más oportunidades.

 

El problema es que nadie preparó al país para el día siguiente.

 

Hoy, tener hijos ya no es solo una decisión familiar. Es una decisión económica, laboral, urbana y profundamente social. Para millones de jóvenes, formar una familia implica renta, hipoteca, guardería, transporte, escuela, seguridad, horarios imposibles y empleos frágiles.

 

México no dejó de tener hijos porque los jóvenes se volvieron egoístas. Dejó de tenerlos porque hizo cada vez más difícil imaginar una vida donde tenerlos fuera viable.

 

La factura ya empezó

Los datos muestran una tendencia que no puede ignorarse. En 2024, México registró 1,672,227 nacimientos, con una tasa de 47.7 nacimientos registrados por cada mil mujeres de 15 a 49 años, de acuerdo con INEGI. La cifra confirma una caída que ya no puede leerse como un ajuste temporal, sino como un cambio estructural.

 

CONAPO estimó para 2024 una tasa global de fecundidad de 1.89 hijas o hijos por mujer. Al mismo tiempo, las proyecciones demográficas advierten que en 2034 la población de 60 años y más igualará en volumen a la de 0 a 11 años. El punto de quiebre no está en un futuro abstracto. Está a menos de una década.

 

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Para 2050, la población mayor de 60 años podría alcanzar 35.4 millones de personas, equivalente al 24.1% de la población total. En otras palabras, una de cada cuatro personas en México será adulta mayor.

 

La consecuencia no será solo que haya menos niños. Habrá más adultos mayores, menos jóvenes incorporándose al mercado laboral, mayor presión sobre los sistemas de salud, más demanda de cuidados y una carga familiar cada vez más difícil de sostener.

 

Una ciudad que envejece sin jóvenes no solo pierde población. Pierde consumo, fuerza laboral, innovación, energía social y futuro económico.

 

No es una crisis de valores. Es una crisis de condiciones

El error sería convertir este debate en una acusación contra los jóvenes. Decir que “ya no quieren comprometerse” es cómodo, pero incompleto. Muchos sí quieren formar una familia. Lo que no ven es un piso firme para hacerlo.

 

Una pareja joven puede tener dos ingresos y aun así no alcanzar una vivienda digna. Puede tener estudios y vivir con incertidumbre laboral. Puede querer un hijo y posponerlo año tras año porque la vida no termina de acomodarse.

 

Tener hijos se volvió un lujo silencioso. No porque criar antes haya sido fácil, sino porque hoy los puntos de apoyo se han debilitado: vivienda accesible, empleo estable, barrios seguros, escuelas próximas, tiempo disponible y redes familiares cercanas.

 

El problema no es que falte deseo de familia. El problema es que la familia dejó de caber en el modelo económico de muchos jóvenes mexicanos.

 

México envejece El país que no hizo fácil tener hijosRevista interAlcaldes

La nueva planeación familiar debe cambiar de pregunta

México no debe abandonar la salud reproductiva, la educación sexual ni el acceso a anticonceptivos. Eso sería un retroceso. Pero sí necesita ampliar la conversación.

 

La planeación familiar del siglo XXI no puede limitarse a evitar embarazos no deseados. También debe ayudar a que la maternidad y la paternidad elegidas no condenen a la precariedad.

 

No se trata de presionar a las mujeres. No se trata de romantizar la maternidad. No se trata de pedir sacrificios a una generación que ya carga con salarios bajos, rentas altas y ansiedad económica.

 

Se trata de construir condiciones.

 

Guarderías accesibles. Permisos parentales reales. Horarios compatibles con la crianza. Vivienda para familias jóvenes. Transporte seguro. Escuelas de tiempo extendido. Espacios públicos que no expulsen a la infancia. Empresas que no castiguen la maternidad ni excluyan la paternidad activa.

 

Un país que necesita niños, pero abandona a quienes los crían, está saboteando su propio futuro.

 

Donde la demografía se vuelve vida diaria

La crisis demográfica puede discutirse en gráficas nacionales, pero se vive en cada colonia.

Se nota en la escuela que reduce grupos, en el barrio donde ya casi no hay niños jugando, en el adulto mayor que vive solo, en la familia que no encuentra una estancia infantil cercana, en la pareja que posterga un hijo porque el sueldo no alcanza, en el transporte que consume horas que deberían ser de convivencia.

 

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Por eso, la política familiar moderna no empieza con discursos. Empieza con datos territoriales y decisiones concretas.

 

¿Dónde nacen menos niños? ¿Dónde se concentran los adultos mayores? ¿Qué colonias expulsan jóvenes por falta de vivienda? ¿Qué zonas de trabajo no tienen guarderías cercanas? ¿Qué familias viven demasiado lejos de la escuela, del empleo y de los servicios básicos?

 

Las respuestas a esas preguntas definen mucho más que una estadística. Definen si una ciudad puede seguir siendo habitable para quienes quieren construir futuro.

 

México necesita una política familiar, no una campaña de natalidad

Una campaña de natalidad puede sonar a imposición. Una política familiar moderna habla de libertad, condiciones y futuro.

 

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México no debe decirle a los jóvenes cuántos hijos tener. Debe construir un país donde tenerlos no signifique renunciar a una carrera, endeudarse de por vida, perder estabilidad laboral o vivir con miedo al siguiente recibo.

 

Sin niños no hay relevo generacional. Sin jóvenes no hay fuerza laboral suficiente. Sin familias con condiciones no hay mercado interno fuerte. Sin cuidados no hay productividad. Sin ciudades habitables no hay país sostenible.

 

México envejece. Pero el problema no es envejecer. El verdadero problema es llegar a ese futuro sin haber construido condiciones para que nuevas generaciones quieran quedarse, trabajar, formar familia y criar hijos aquí.

 

El país todavía tiene tiempo, pero no demasiado. La demografía no cambia con discursos. Cambia cuando una pareja joven puede pagar una vivienda, cuando una madre no es castigada por trabajar, cuando un padre puede cuidar sin pedir permiso a la cultura laboral, cuando una ciudad deja de tratar a las familias como una carga y empieza a verlas como parte de su futuro.

 

Durante años, México preguntó cuántos hijos debía tener una familia.

 

Quizá llegó el momento de hacer la pregunta al revés: ¿Qué clase de país hemos construido si tener hijos empieza a parecer un privilegio y no una posibilidad de vida?

 

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Escrito por: Editorial

 

2 comentarios

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hace 2 días
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Muy interesante algo de lo que debemos preocuparnos a futuro

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Invitado
hace 3 días
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Excelente

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